PRESUPUESTO PARTICIPATIVO

En San Telmo y sus alrededores Nº 54

Marzo 2003

El Gobierno de la Ciudad convoca a partir del 15 de marzo a jornadas de participación ciudadana, en las cuales se debatirán las prioridades presupuestarias del año que viene. Varias de las sugerencias del presu-puesto participativo 2002 fueron incluidas dentro del presupuesto del 2003. Este es el segundo año consecutivo que el gobierno de la Ciudad convoca al presupuesto participativo. Sin embargo, aún no se ha reglamentado su funcionamiento y no se cumple con la Constitución de la Ciudad que establece la necesidad de leyes para reglamentar el funciona-miento de Comunas.

El presupuesto participativo tiene como objetivos incre-mentar la participación de la ciudadanía, promocionar el debate y la participación de los vecinos en la toma de decisiones de la gestión pública de la ciudad, fijar las prioridades en la asignación de recursos públicos y buscar una intervención vecinal que decida priori-dades de inversión. El año pasado los centros de gestión y participación organizaron reuniones abiertas con los vecinos y las entidades intermedias para debatir sobre las prioridades presupues-tarias en un contexto de crisis. La mayoría de las propuestas votadas fueron incluidas en los proyectos presupues-tarios aprobados para el presente año. De acuerdo al informe de la Secretaría de Descentralización del gobier-no porteño, sobre 338 prioridades barriales votadas en el 2002 por los vecinos, más del 80 por ciento han sido ejecutadas o están en proceso de ejecución.

Entre otras obras figuran la apertura de centros médicos barriales, la recuperación de plazas y parques, la inauguración de centros culturales, la reparación de veredas y obras de mantenimiento urbano.

El presupuesto participativo de la ciudad de Buenos Aires tiene como modelo la ciudad de Porto Alegre, donde más de 20 mil personas debaten todos los años sobre cómo invertir los recursos. Sin embargo, las diferencias son notables:

En la ciudad de Buenos Aires no hay un presupuesto fijo asignado para que los vecinos decidan a través del presupuesto participativo ni un cronograma claro. Las prioridades deben ser aprobadas por la Legislatura y por lo tanto no son vinculantes. Por otra parte, el atraso en la ley de Comunas (la Constitución de la Ciudad establece cinco años para su reglamentación, plazo que venció en el año 2001), genera críticas de redes de vecinos.

No resulta fácil pensar en avances en la descentra-lización sino se diseñan las futuras Juntas Comunales, con sistemas que permitan la elección de autoridades que puedan contar con presu-puesto propio, teniendo cierta autonomía del Ejecutivo porteño.

Sin embargo, aún con sus dificultades, el Presupuesto Participativo asoma como una herramienta de participación al alcance de los vecinos. A partir de la información y preparación sobre asuntos públicos, con propuestas concretas, reclamos y organi-zación, es factible conseguir que las mayorías puedan lograr establecer sus prio-ridades, enfrentando el poder de lobbies que se manejan en despachos cerrados a espaldas de la gente. Al menos en el pequeño espacio de debate del presupuesto participativo, los gobernantes tienen que enfrentar los cuestionamientos de la gente y buscar darles respuestas a sus reclamos.

Eduardo Scirica

 

 

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