Del Mediomundo a San Telmo

ESCUELA DE CANDOMBE
LONJAS DE SAN TELMO

Lonjas de San Telmo

En San Telmo y sus alrededores Nº 74
Diciembre 2004

Nació en ese medio ya mítico que fue el conventillo del Mediomundo, allá en la calle Cuareim del Barrio Sur de Montevideo. Su familia era una de las 90 que poblaban el lugar, peleaban juntos como hermanos para que no le castraran los sueños, y en carnaval eran una sola comparsa. Hoy Claudio Artigas Martirena (43) luthier y maestro del tambor, enseña candombe en el Centro Cultural Fortunato Lacámera durante la semana, y todos los domingos por la tarde se reúne con el montón de amigos que componen las "Lonjas de San Telmo" para la "llamada" que recorre el Parque Lezama bebiendo de los restos de esclavos negros allí enterrados la mística de una raza indomable al compás del borocotó chas-chas.

"No tenemos espacio físico, nuestro espacio es el parque" afirma Claudio con una sonrisa mientras acaricia la cabeza de uno de sus tres hijos que nos acompaña. El lugar de encuentro es donde en el período colonial los tratantes de esclavos franceses descargaban su "mercancía" traída de Africa, (los ingleses tenía su apostadero en Retiro y los portugueses en lo que hoy es Puerto Madero a la altura de la calle Chile), y la reminiscencia no es menor teniendo en cuenta que "el barrio del mondongo" llegó a tener en su momento más del 60% de población de raza negra.

"El candombe es un estilo de vida, la base de la cultura nacional: tango, payada, milonga, todo proviene de ahí" sostiene con tanta firmeza como orgullo este candombero que un día se cansó de llorar cada vez que pasaba por el solar vacío de lo que fue su casa (el Mediomundo, derribado por la dictadura cívico-militar uruguaya so pretexto de un presunto deterioro edilicio) y cruzó el charco desandando el camino que un día en el siglo XIX siguieron sus antepasados. "Debemos buscar esa identidad, la nuestra, porque hoy no la tenemos" enfatiza mientras cuenta a grandes rasgos como hizo durante dos décadas para tener un lugar en el mundo y allá por 1999 formar su escuela de candombe "Lonjas de San Telmo", un lugar donde se enseña fundamentalmente candombe y no a tocar el tambor, porque "tambor toca cualquiera, candombe no".

El hombre sabe de lo que habla. A los 3 años le colgaron uno y desde entonces no dejó de tocar. Cuando tuvo la edad y fuerza suficiente integró "Morenada", la comparsa de negros y lubolos decana del carnaval uruguayo, y allí mamó de los viejos tamborileros sus toques, su filosofía, su hombría de bien. "Enseño candombe a partir del conocimiento mutuo, mis alumnos me conocen a mi y a mi familia, vienen a mi casa, pero yo también los conozco a ellos, como son y como piensan" sostiene al explicitar el porqué de su negativa a cobrar por lo que hace. "¿Cómo voy a cobrar por algo que me viene de acá?" (dice tocándose el pecho a la altura del corazón), eso que le hace tanto bien a la gente porque "¡ojo! el candombe es una terapia natural". Muchos han venido al grupo cargados de problemas y de a poco los han ido dejando por el camino, se sienten mejor y lo agradecen. "Les hablo permanentemente a los chicos del trabajo que me costó llegar a donde estoy, para que entiendan lo difícil que es todo pero que igual se puede" afirma con total certeza al par que menciona la libertad con la que trabaja: "las Lonjas tienen una puerta de entrada y otra de salida, cada uno elige su lugar". Algunos se quedan un tiempo, otros están desde el primer día, pero igualmente son todos amigos.

"El candombe desgasta mucho; yo enseño lo básico, después cada uno incorpora lo suyo" desgrana como al pasar mientras uno de sus alumnos-amigos se acerca para pedirle prestado un tamboril. Mientras su hijo va a cumplimentar el pedido, aprovecha para señalar la necesidad de que cada uno tenga su propio tambor, porque "uno se acostumbra al peso, al golpe, sabe cuando y como templarlo para que suene mejor". De paso acota que cuando el grupo templa las lonjas antes de tocar es un momento mágico, donde se aprovecha para intercambiar vivencias, tal como lo hacían sus ancestros allá lejos y hace tiempo.

Atrás han quedado los momentos de discriminación rechazo protagonizados por vecinos que no entendían de que se trataba la movida, los denunciaban a la policía y terminaban presos. "Uno por uno fui explicándoles, despejando dudas y resquemores, y hoy cuando desfilamos por el barrio esos mismos vecinos nos aplauden y alientan", aunque claro, algunos son tan recalcitrantes como el ignoto habitante de un edificio de las inmediaciones del Pasaje Giuffra que llegó a realizar 14 denuncias consecutivas hasta que se les prohibió tocar en la feria dominical allí instalada.

La esperanza hoy tiene rostro de "llamada", pero en Montevideo. Claudio y su gente miran con expectativa la posibilidad de desfilar en el carnaval 2005 por los barrios Sur y Palermo, acompañando a sus hermanos de raza y de ritmo, integrando pueblos y personas.

Pero eso no es todo. También en este 2005 a las clases habituales de candombe para adultos en el Lacámera se agregarán otras para chicos, y ya está preparando tambores para los mas pequeños. Es que el nieto de Ester tiene dentro el fuego sagrado de la raza, ese que nunca se extingue.

Lonjas de San Telmo en el Parque Lezama

Jorge Aníbal Cela

Escuela de Candombe
"Lonjas de San Telmo"

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