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ESCUELA
DE FUTBOL SOLIDARIA
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En San Telmo y sus
alrededores Nº 21
Abril 1999
En
pleno centro de San Telmo, Balcarce y Humberto 1º, hay un predio con
una cancha de fútbol sobre cemento. Allí funciona desde el año 94
una escuelita de fútbol cuyos chicos habitan en su gran mayoría en el
edificio del frente, ex patronato de la infancia y en conventillos.
Preocupado
por la situación de los chicos en el barrio y de los jóvenes en general,
Raúl Carricart (37 años, recibido de director técnico hace dos y entrenador
desde que se creó la escuelita), apareció con dos pelotas, promesas
de camisetas y campeonatos con trofeos.
El
inicio lo comenta así: "Se me ocurrió que era una buena forma de
concentrar a los pibes en una historia que no sea violencia, que no
sea robo, o que estén sin hacer nada. El fútbol es una diversión, una
forma de sacar a los chicos de la calle".
Cuando
comenzó era un solo grupo de chicos, pero con el correr de los años
se dividió en dos. Uno de niños y otro de adolescentes, muchos de los
cuales juegan allí desde el comienzo de la escuela, cuando eran chiquillos.
Mientras
muchos clubes y hasta ciertos padres exigen como hecho primordial competencia
y resultados, en este lugar se rescatan por encima otros valores: "Al
principio lo que costó fue tratar de calmar las discusiones y peleas
en medio del partido, algo que se amortiguó bastante. Hay que desdramatizar
el hecho de perder. Ciertas normas de convivencia y comportamiento se
han ido adoptando a través de los años. La filosofía es que se deje
todo en la cancha, pero sin mala intención y con lealtad. Es lindo el
incentivo de ganar, pero venimos a jugar, a divertirnos, a ser un grupo
de amigos, no a pelearnos" explica el entrenador.
Afirma
orgulloso que nunca tuvieron un lesionado. También aclara que nunca
han recibido subsidios y lo poco que tienen es por al apoyo esporádico
de algunos particulares y comerciantes. "Es difícil estar todos
los lunes y miércoles de 18 a 21 hs, mucha gente se acercó en estos
años a colaborar, pero al ser una tarea constante sin remuneración se
ha retirado", agrega. En cinco años de escuela ni él ni los otros
que dieron clases, han cobrado por su trabajo.
El
instructor espera que este espacio siga siendo público y que se realicen
reparaciones que terminen con su deterioro.
Cualquier
observador puede notar el cariño y respeto que le tienen los chicos
al mentor de la escuela de fútbol. Entre tantas dificultades les representa
la posibilidad de compartir un espacio de pertenencia que les permite
con su labor, responsabilidad y compresión relajarse, divertirse y entretenerse
al menos dos veces por semana. Una pequeña salida solidaria a la crisis.