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CRECEN
LAS MURGAS
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 35
Marzo
2001
En
1997 una Ordenanza declaró a las agrupaciones de carnaval Patrimonio
Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Desde entonces la participación
de las murgas creció notablemente. En febrero y marzo se realizaron
por cuarto año consecutivo, corsos en los distintos barrios porteños.
Cada vez más gente se acerca a las murgas.
En
épocas de antaño, el carnaval porteño vivió su edad dorada, siendo una
gran celebración masiva y popular que perdura en la memoria y los recuerdos
de distintas generaciones. Poco a poco fue perdiendo brillo, hasta que
en los años ´80 y a comienzos de los ´90 pasó cada vez más desapercibido
y abandonado.
Para
evitar su derrumbe, en 1997 por medio de la Ordenanza Nº 52.039, se
declaró a las agrupaciones de carnaval Patrimonio Cultural de la Ciudad
de Buenos Aires. La norma legal contiene importantes disposiciones para
las murgas, ya que establece que el Gobierno de la Ciudad debe facilitarle
permisos para ensayar y actuar en los espacios públicos, incluirlas
en las programaciones culturales, apoyar su trabajo social y promover
la realización de corsos barriales organizados por entidades vecinales.
Se
constituyó entonces la Comisión de Carnaval de la Ciudad de Buenos Aires,
encargada del manejo de la partida específica del Presupuesto General
de Gastos y Servicios e integrada por representantes de la Comisión
de Cultura del Parlamento de la Ciudad, de la Secretaría de Cultura
y de las agrupaciones de carnaval, que en la actualidad cuentan con
un presupuesto oficial anual de 300.000 dólares.
A
las murgas les pagan de acuerdo a la cantidad de integrantes y por actuación,
sin tener en cuenta criterios artísticos. Para Ramiro Cárdenes, delegado
de la agrupación MURGAS (Murgas Unidas Recuperando y Ganando Alegría
Siempre), que nuclea a las distintas agrupaciones vinculadas al carnaval,
el principal obstáculo que tienen es la falta de reconocimiento.
Cuando
gobernó la última dictadura militar, eliminó por decreto los días feriados
del carnaval, suprimió los corsos, prohibió los disfraces y aplicó distintas
censuras. Laura Chertkoff, encargada de prensa de MURGAS, explica: "Creemos
que no se equivocaban, que intuían la potencialidad de las fiestas populares,
de la capacidad de los bombos para convocar al encuentro, de comunicar
la historia cotidiana en un lenguaje accesible para todos, de la burla,
la crítica y la sátira presente en las canciones carnavalescas. Más
que los días de asueto, en principio esperamos recuperar la fiesta y
pensamos que el crecimiento espontáneo en la participación, en algún
momento va a permitir que vuelva el feriado en el almanaque, no por
un decreto sino por una realidad arraigada en la comunidad".
El
crecimiento es sostenido. De acuerdo a los datos de MURGAS, en el año
1998 había 12 corsos, 24 en el ´99, 37 en el 2000 y 57 en el 2001. La
cantidad de agrupaciones también creció de manera significativa. En
el año 1998 eran 42, en el ´99 aumentaron a 66 y en el 2001 el
número se incrementó a 107. Por otra parte, los participantes en las
murgas se triplicaron en tan solo tres años. En el año ´98 eran alrededor
de 3000, en el ´99 aproximadamente 5000, el año pasado 7000 y en los
corsos de este año desfilaron más de 10.000 personas.
San
Telmo acompañó este notable evolución. Después de décadas sin murgas,
en los ´90 apareció la murga de percusión del taller del Centro Cultural
Fortunato Lacámera, la Fortubanda. En el ´97 nació Arrabales de Ilusión,
en el ´99 Cambalache de San Telmo y ambas crecieron notablemente. Este
año Cambalache movilizó a más de 100 personas y Arrabales de Ilusión
alrededor de 200. El corso del barrio ya es considerado por su masividad
uno de los más importantes de toda la Capital.
Ramiro
Cárdenes, de los Delirantes de Palermo, pertenece a una de las seis
murgas de su barrio, que en total tiene en la actualidad a más de 500
murgueros. Encuentra una explicación a este llamativo crecimiento, como
un retraimiento a lo barrial frente a la globalización, ya que las murgas
rescatan costumbres, tradiciones e identidades locales. Resalta el trabajo
cultural y el trabajo social, el encuentro colectivo y la chispa picaresca.
En
la actualidad se puede observar que las murgas actúan todo el año y
se han multiplicado, tanto las espontáneas como las creadas en los centros
culturales barriales. Por otra parte, hay una gran variedad de estilos
y nuevas tendencias, como la incorporación de muchas personas provenientes
de la clase media y el ingreso masivo de mujeres, que en algunos casos
ocupan roles de dirección.
Queda
para mejorar la calidad de los corsos. Los excesivos desfiles de murgas,
especialmente cuando actúan más de cuatro por noche, apresuran a cada
conjunto y les impide realizar su show completo. Por otra parte, dificultan
la incorporación de otros números artísticos. Se fue otro carnaval,
un sentimiento popular cuya poesía callejera busca recuperar alegría.
Eduardo
Scirica