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EL
CLUB DEL TRUEQUE
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 34
Febrero 2001
No
se vende ni se compra, se troquea. No existen las casas de comercio,
sino clubs y nodos. No hay codicia e individualismo, todo se socializa.
No hay empleados, patrones ni socios, todos son prosumidores, productores
y consumidores a la vez. El Club del Trueque es la antítesis del mercado
formal.
Hace
dos meses comenzó a funcionar en el barrio un nodo perteneciente a la
red global del trueque. La idea de formar parte de la red, surge de
un grupo pequeños de personas que participaba en clubes de otros barrios.
Maria Eugenia Corvalán Alarcón, fundadora y coordinadora del nodo de
San Telmo, comenta que "existe mucha gente excluida, hay una necesidad
de sobrevivir que obliga a juntarse y ayudar. Así nació el club del
trueque en el barrio y en otros lugares del país".
Pero
no todos son excluidos y desocupados, hay una gran cantidad que trabaja
en el mercado formal e igual participan en el club "porque en el
trueque no existe ese egoísmo del mercado oficial, uno se siente comprendido,
contenido. Funciona como una comunidad" dice Maria Eugenia y agrega
que, "por otro lado, a uno le sirve para subsistir, por ejemplo,
hace tres meses que comencé a trabajar en el mercado formal y todavía
no cobré. Si no fuera por el trueque no tengo que comer".
El
trueque en la Argentina comienza en la provincia de Buenos Aires hace
6 años cuando un odontólogo de Bernal empieza a ofrecer por el barrio
los zapallos que crecían en su huerta, pero los vecinos no tenían dinero
con que pagar y entonces el odontólogo aceptaba otros bienes a cambio.
Hoy
son 20 los nodos que existen en Capital Federal y más de 25.000 familias
en todo el país que participan de la red global del trueque.
En
los listados de ofertas se puede encontrar desde abogados, psicólogos
o arquitectos, hasta reposteros, artesanos, animadores de fiestas, urólogos,
mecánicos, etc.
Si
bien el sistema del trueque solidario comienza en Canadá para expandirse
por todo el mundo, la Argentina tiene la particularidad de trocar por
medios de créditos que hacen al intercambio más funcional, permite compensar
diferencias en los trueques multirrecíprocos y hacer triangulaciones.
"No se busca de esta manera ningún tipo de relación directa con
el dinero, pero sí para tener un patrón se estipuló que un crédito sea
equivalente a un peso" dice Maria Eugenia y aclara que "esto
no quita que exista el trueque directo".
El
crédito ayuda a su vez a poder trocar con otros nodos del país, viajar
y hospedarse en hoteles pertenecientes a la red.
La
red global cuenta con una estructura autorganizada y gestionada que
permiten una autonomía de todo tipo de instituciones o poder político
que intenten manejarlo.
No
hay límites de participantes en el club pero sí se requiere un mínimo
de 20 personas para poder conformar un nodo. Los últimos miércoles de
cada mes los nodos de capital se reúnen para realizar el balance y ayudar
a los nodos que recién comienzan. La ayuda proviene de una suma de créditos
que sirven para dar funcionamiento al club y la concurrencia en las
primeras reuniones de prosumidores de otros clubs para trocar.
Cada
nodo cuenta con uno o dos coordinadores que los representa en las reuniones
de cada mes. María Eugenia cuenta que "la idea es no jerarquizar
y lograr una estructura horizontal. Nosotros discutimos todo en asamblea
y establecimos, como dice uno de los doce principios de la red global,
la rotación permanente de roles y funciones para que el poder no se
nos suba a la cabeza".
La
desesperación de sobrevivir ante tanta miseria y egoísmo del sistema
ponderante hizo que se crearan y refloten relaciones humanas solidarias.
San Telmo se suma a esta red global del trueque y alberga a un grupo
de personas que se ayudan y satisfacen sus necesidades de otra forma,
de una manera distinta; con una lógica que el mercado capitalista no
comprende.
Patricio
Escobar