ASAMBLEA PARQUE LEZAMA

En San Telmo y sus alrededores Nº 44

Marzo 2002

"No somos nada, queremos serlo todo" A muchos una idea le rondaba en la cabeza. Una idea que hace unos meses atrás era impensable, pero después del 19 de diciembre, todo es posible.

Con la espontaneidad no alcanzaba, había que organizarse para darle una forma y dirección a la pelea, y como esta vez nadie tenía ganas que le vengan a decir que había que hacer, surgió la necesidad de reunirse para discutir. Para algunos era aprender a hacer política, para todos, eran ganas de participar y decidir.

Hacía falta fijar un día, una hora y ver que pasaba. Tres vecinos de Barracas y San Telmo imprimieron unos volantes para invitar a reunirse el 11 de enero en la esquina del Parque Lezama. Ese viernes a las diez de la noche, alrededor de sesenta vecinos se acercaron a la esquina de Martín García y Defensa con muchas dudas y mucha bronca. Por primera vez se miraban a la cara, extrañados, los vecinos se escuchaban entre sí y se reconocían como pares. Por primera vez en la historia del país, las asambleas salían de los ámbitos de trabajo y de las universidades, para conformarse en las plazas, en los parques, o en alguna esquina. Nacía un nuevo espacio de discusión política y democracia directa.

Otra vez la gente se transformó en pueblo para empezar a decidir por sí misma y formar parte de su propia historia.

A la semana siguiente, en la asamblea que se realizó en el anfiteatro del parque, los autoconvocados eran más de 200.

Para muchos era su primera experiencia en asambleas. La organización fue una de las primeras modalidades que se puso a discusión, se optó por abrir una lista de oradores, con tres minutos cada uno, para que expongan la argumentación de sus propuestas y al final votarlas todas juntas. Eran tantas las ganas que había por decir, proponer, discutir, que la votación llegó después de la una de la mañana. El cansancio de los asambleístas pesaba, pero eso no importaba demasiado, era un aprendizaje más para que la próxima asamblea se proponga votar un tope de tiempo.

Aquella noche, por una unanimidad, se votó lo que iba a caracterizar a todas las asambleas barriales: "Que se vayan todos", y muchas otras propuestas más que definen claramente cual es la preocupación del pueblo y los temas que creen más importantes: "Afuera la Corte Suprema", "No pago y repudio a la deuda externa", "Luchar contra sindicalistas y políticos corruptos", "Fuera el FMI", "Reestatización de las empresas privatizadas, bajo control de sus trabajadores y de las asambleas populares"; claro que son propuestas muy generales, pero constituyen el espíritu de las asambleas. Se entiende así, que no es como dicen algunos analistas políticos que los cacerolazos no tienen una dirección, que no saben lo que quieren. Está muy claro que no es como algunos aún siguen sosteniendo que las movilizaciones son solo por el corralito, o como dicen otros: "la clase media salió a la calle por sus depósitos atrapados en los bancos". No señores, no fue ese manoseo que provocó todo, sino que fue el detonante de un proceso que se viene produciendo hace rato y que explotó un 19 de diciembre cuando un presidente autista tiró un manotazo de ahogado y decretó "el estado de sitio".

La asamblea esa noche también se propuso crear una comisión de prensa como medida necesaria de informar a los vecinos de los barrios de San Telmo, Barracas y La Boca, a través de boletines y volantes, de lo que estaba ocurriendo en la asamblea del parque, como así también, de las resoluciones que se votaban en la Asamblea Interbarrial del Parque Centenario todos los domingos, porque los canales de información como las radios, diarios y televisión, no reflejan lo que ocurre en las calles. La última propuesta que se votó casi por una unanimidad, fue a la madrugada del sábado la moción de un profesor de historia de la UBA que sugirió a la asamblea del parque que tome la consigna de la Primera Internacional: "No somos nada, queremos serlo todo".

"Salir a las calles y tomar lo que es nuestro"

En las asambleas, cada semana que pasa, se van desarrollando distintas inquietudes y se van superando problemas que hacen a su funcionamiento. Uno de ellos es cuando los militantes de distintas agrupaciones de izquierda vuelven a mostrarse como muchas veces lo hicieron a lo largo de la historia, sin autocrítica, creyendo que ellos son la vanguardia y que de ellos depende organizar a las masas. En una asamblea una vecina resumió la sensación de muchos: "Mientras ustedes corren, nosotros ni siquiera salimos. Necesitamos tiempo", les decía. La asamblea no solo se construye y funciona con debates políticos generales, también es fundamental conocer y trabajar en las problemáticas del barrio y nada mejor que los vecinos para informar de las necesidades. Cada uno tiene una mirada para ofrecer y para que la unión se vaya forjando es importante escucharse y crear juntos.

La asamblea avanza, se crearon varias comisiones, que trabajan en acciones concretas. Además de un boletín semanal que edita la comisión de prensa, hay entre otras comisiones, la de desocupados y ocupados, la de salud, de vivienda y la comisión de arte que el 2 de marzo organizó con gran concurrencia de público unl festival bautizado Carnaváyanse.

La asamblea se va transformando en un espacio que no solo se utiliza para debatir, sino también, para trabajar en los barrios.

De la espontaneidad de los cacerolazos y las movilizaciones del 19 y 20 de diciembre, se pasó al debate y a la organización. Ahora, es esencial fortalecer las asambleas para que sean las generadoras de una movilidad constante que permita nuevas políticas y nuevas formas de representación, para conseguir cambios sociales. Deben ser cada vez más multitudinarias. Crecer para poder entender y desarrollar mecanismos de democracia directa.

Para eso, es necesario no perderse sólo en ideas abstractas, y que estas se acompañen en acciones concretas que permitan afianzar el funcionamiento de las asambleas. Hoy, la sociedad cuestiona a las instituciones, que nunca debieron ser sacralizarlas. Somos nosotros quienes las creamos y está en nosotros el trabajo de mejorarlas o cambiarlas.

No es fácil, es mucho esfuerzo y por esto es fundamental cuidar y hacer crecer entre todos las asambleas, participar y recuperar el espacio que habíamos perdido.

Vuelvo a repetir, no es fácil, pero tenemos la ventaja que contamos con 30.000 almas que nos alientan en todo momento.

Patricio Escobar

 

 

 

 
 
 

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