Se instalaron más de 700 puestos de venta

En San Telmo y sus alrededores Nº 77

Marzo 2005

EL PARQUE LEZAMA ESTA DESBORDADO

Feria del Parque Lezama

Más de 700 puestos de venta de cosas viejas, manualidades, ropa, reventa y artículos usados en general se instalaron en el Parque Lezama. El hacinamiento, la degradación del espacio público y el deterioro de los lugares de esparcimiento, son una de las consecuencia del desempleo. La crisis se observa en el espacio urbano afectando a comercios, ferias y a la calidad de vida en general.

Desde hace algunos años se han ido instalando múltiples puestos de comercialización ilegal en los alrededores del Parque Lezama. En febrero fueron autorizados por iniciativa de la Subsecretaría de Medio Ambiente, más de 700 puestos que integran la Feria de Oportunidades de la Asociación Mutual Creación de Trabajo Parque Lezama, que funciona todos los sábados, domingos y feriados de 8 a 20 hs.

Los puestos colocados nada tienen que ver con los stand artesanales tradicionales de la Feria Artesanal Paseo Defensa. Los vendedores pagan tres pesos por el mantenimiento de los puestos y no suelen ofrecer artesanías, sino ropa, útiles escolares, juguetes, pilas, libros usados, discos, videos y todo tipo de cosas en desuso.

Tienen permitido vender solamente manualidades, artículos usados y antigüedades, no hacer reventa de productos nuevos. Pero esta reglamentación no se cumple y algunos puesteros revenden artículos como medias, pilas, juguetes o artículos de librería.

El 4 de febrero una resolución firmada por el Subsecretario de Medio Ambiente Marcelo Vensentini, autoriza a trabajar a los vendedores.

La fundamentación publicada en el Boletín Oficial de la Ciudad, se basa en un proyecto de intervención en el espacio público ubicado en el entorno del Parque Lezama de la Subsecretaría de Medio Ambiente, la Dirección General de Defensa del Consumidor de la Subsecretaría de Producción y el Centro de Gestión y Participación Nº3.

Considera que “la presente medida intenta solucionar una de las consecuencias que se manifestaron en el espacio público de la Ciudad a partir de la crisis que sufrió el país en el año 2001, con la aparición de cuentapropistas, que se instalaron en parques y plazas, para con ello reemplazar los ingresos provenientes de sus salarios perdidos por el desempleo o por la desaparición de otras actividades formales que venían desarrollando y de las cuales fueron excluidos”. El considerando de la resolución agrega:
“Actualmente se instalan en Parque Lezama, cada fin de semana, cientos de puestos de venta de diversos artículos, que no cuentan con habilitación ni permiso alguno por parte del Gobierno de la Ciudad.

Dicha ocupación de los espacios públicos, afecta gravemente el destino del predio como un área natural de esparcimiento y recreación de los vecinos y visitantes y en virtud de lo expuesto, resulta necesario tomar las medidas tendientes a normalizar la actual situación de ocupación irregular, permitiendo la recuperación del espacio verde para el uso de los vecinos del barrio, sin causar molestias a los frentistas ni perjudicar la circulación peatonal y el tránsito vehicular, formalizando actividades informales que permitan su ordenamiento y control, evitando la competencia desleal.

La resolución autorizó a ubicar provisoriamente un total de 715 stand en las veredas del Parque Lezama: 130 puestos en la calle Defensa, 50 sobre Balcarce, 160 en Brasil, 285 en Martín García y 90 en Paseo Colón.

Sin embargo un artículo aclara que “la instalación provisoria de puestos autorizada por la presente resolución es de carácter absolutamente precario, pudiendo ser revocados por la autoridad de aplicación sin expresión de causa, no dando lugar a reclamo alguno por parte de la permisionaria, ni de los denominados puesteros”.

El 11 de febrero salió una nueva resolución firmada por el Subsecretario de Medio Ambiente que considerando la experiencia ocurrida y con el fin de no afectar los derechos de las personas que buscan en el parque un lugar de esparcimiento y recreación, modifica la resolución anterior y prohíbe la instalación de puestos sobre Defensa.

El otorgamiento de permisos precarios provisorios a quienes ofrecen artesanías, artículos usados o antigüedades, con la intención de mudar las ferias paralelas a las calles perimetrales en los parques como sucedió en el Lezama, también se aprobó durante febrero en los parques Saavedra y Centenario.

El Parque Lezama tomó un aspecto que recuerda a muchos lugares en donde antes funcionaban clubes de trueque, aunque no hay canje, ni se venden alimentos. Es un espacio ocupado por buscas y su imagen es característica del subdesarrollo.

Algunos vecinos y comerciantes iniciaron una campaña para terminar con los más de 700 puestos instalados. Organizaron varias reuniones en la Asociación Vecinal Parque Lezama y en El Mirador de Brasil y Balcarce. Juntaron firmas, acudieron a los medios de comunicación, a la Defensoría del Pueblo y a distintos ámbitos del gobierno de la ciudad para denunciar la venta ambulante, la reventa de artículos comerciales y la degradación del espacio público y de los espacios verdes.

La preocupación por la suciedad y por la nueva situación (que no contribuye a atraer turistas e impide por ejemplo hacer tradicionales actividades en el parque como footing), está presente en las quejas. Varios vecinos argumentan que entre los feriantes hay negocios oscuros y la gran mayoría de los puesteros vienen del conurbano bonaerense.

Un censo del CGP Nº3 desmiente esta información y asegura que muchos vendedores viven en el sur de la Ciudad.
La degradación del espacio público está a la vista de todos, pero también cabe preguntarse:
¿Merece tantas críticas alguien que no vive en Capital Federal y busca ganarse el puchero despertándose durante el fin de semana a las 6 AM para vender lo que pueda en el Parque Lezama o en donde sea? ¿Qué respuestas hay para los desocupados y los subempleados? El trabajo ambulante, si bien suele perjudicar a otros vendedores, no le roba nada a nadie.

En algunas oportunidades se implementaron iniciativas que solucionaron el problema de vendedores ambulantes o artesanos sin autorización. Por ejemplo, el Gobierno de la Ciudad abrió en los últimos años el Paseo El Retiro y una galería con puestos de artesanos en Avenida de Mayo entre Defensa y Bolívar, que fueron una solución para quienes no tenían un lugar de trabajo autorizado. Pero los lugares en donde hay mayor movimiento, sistemáticamente terminan siendo desafiados por nuevos vendedores y artesanos, que buscan conseguir algún ingreso. Aparecen mantas con distintas artesanías sobre la calle Defensa, ferias paralelas al lado de casi todas las ferias oficiales y puestos de economía informal en todos lados. Con la crisis se incrementó la oferta de venta callejera.
Las soluciones parciales son parches que no resuelven el problema de fondo. Mientras existan altos niveles de exclusión social, seguirán las búsquedas de ganarse el pan y el sustento para la familia, en donde haya movimiento y posibilidad de ventas.

Una alternativa más preocupante es cuando los expulsados por el modelo económico, pierden totalmente la cultura del trabajo, entrando en niveles de marginación que muchas veces terminan en delincuencia, robos y violencia. La pretensión de evitar que vendedores, artistas callejeros o artesanos informales ocupen el espacio público, sea a través de códigos contravencionales, o distintas leyes y procedimientos represivos, es un intento de hacer invisible la crisis existente. Una búsqueda de que no se vea la pobreza acentuada en los últimos años.

La degradación del Parque Lezama por el hacinamiento, el perjuicio colectivo en la calidad de las ferias, las dificultades que ocasiona el deterioro para atraer a turistas y visitantes, requiere soluciones integrales. La desarticulación del Estado, la fragmentación de distintas áreas, la ausencia de políticas públicas pensadas para todos y la exclusión social acentuada por las políticas de ajuste de los últimos años, que dejaron a alrededor de la mitad de la población del país y a buena parte de los porteños viviendo en la pobreza, no conducen a un panorama optimista respecto a la calidad de los espacios públicos.

El deterioro del Parque Lezama y de la vía pública en general, es reflejo de problemas más complejos.

 

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