REPORTAJE
A RODOLFO LIVINGSTON
CONTRA
LA CIUDAD - TELON
En
San Telmo y sus alrededores Nº 11
Marzo
1998
Rodolfo
Livingston es desde hace una década un ilustre vecino de San Telmo.
Esta entrevista se realizó en su estudio de Juan de Garay y Defensa.
El arquitecto, quien fue hace algunos años director del Centro Cultural
Recoleta, trabaja actualmente como "cirujano de casas" y como asesor
en Cuba Es reconocido asimismo como escritor. Su libro "Memorias de
un funcionario" (sobre sus recuerdos en la dirección del Centro Cultural
Recoleta) es best seller. Pero en este diálogo, polémico, inquieto
y entusiasta, opinó sobre otros temas: la ciudad salvaje, y su proyecto
para San Telmo. Criticó las "soluciones telón" para la ciudad. Sobre
su barrio, opinó sobre la "mastilofilia", el enrejamiento de juegos
y monumentos, la falta de bancos para jubilados en la plaza Dorrego
y vertió otros conceptos con su particular estilo.
-
¿En qué consiste su trabajo de "cirujano de casas"?
-De
eso vivo, trabajo en el consultorio de arquitectura y doy varias ofertas
de soluciones. La clave de mi trabajo es escuchar muy atentamente
a la gente y no hacer mi proyecto sino interpretar. A veces el arquitecto
tiene su idea y se impone, yo busco darle al cliente opciones posibles
pero de acuerdo a sus deseos, que no siempre coinciden con el proyecto
que traía. El elige.
-¿Qué
reflexiones hace sobre las transformaciones que se están viviendo
en la ciudad?
-Creo
que todo es susceptible de ser empeorado. En ese camino está la ciudad
de Buenos Aires en general. Las transformaciones son el mundo de los
shopings, el incremento diario de los autos y el ruido. No hay un
tejido peatonal para caminar. San Telmo es de los barrios más históricos
y cruzan los colectivos rugiendo por una callecita como Defensa, que
debería ser una zona de tránsito peatonal, como tienen todas las ciudades
del mundo.
Hay
una pérdida de los parques, los espacios verdes son invadidos por
negocios, algo parecido hace la gente con sus casas edificando en
el fondo o en el patio, armando laberintos oscuros e inhabitables.
No hay un plan ni una idea global, que respete tanto el vacío necesario
como el lleno.
El
otro día en un ataque romántico anunciaron ¡Corrientes angosta! ¿Cuál
es la idea? Un telón para proyectar diapositivas y videos de Gardel
¿Cuál es el pronóstico? Si va a ser cultural buscarán un sponsor.
¿Qué va a pasar en esos telones en el caso que prosperen? ¡Avisos:
¡compre, beba!, como si fuera poca la agresión visual que hay. Uno
camina cuatro metros y para donde mire, sea hacia abajo, arriba, la
izquierda o la derecha tiene cincuenta informaciones por metro cuadrado:
en las tapas de las revistas, en los comercios, en carteles luminosos
que se apagan o se prenden. Ahora en algunos colectivos te dicen "viaje
informado". He visto gente con el walkman escuchando avisos y mirando
otros que pasan con un cartel que avanza.
Un
creativo dice "hay caries urbanas" que son los espacios entre los
edificios. ¡Mal explicado, no son caries, son muelas que faltan! ¿Cómo
sería lógico llenar lo que ellos llaman caries en la ciudad? ¿Con
edificios en donde hay unas medianeras y un hueco? Sería mucho más
barato construir viviendas allí, que hacer FONAVI en lugares lejanos,
se economizaría así en el 30 % de cloacas y redes. Acá tienen además
calles, comercios y un tejido de servicios. ¿Porqué no se ponen casas
ahí?
De
los hechos rescatables, De la Rúa hizo demoler dos o tres cosas hechas
por los mismos radicales, como sucursales bancarias frente a las plazas
en la gestión de Suárez Lastra. A la ciudad le sobra ruido, información
y negocios pero le falta paz y un poco más de vida.
-¿Cómo
se podría partiendo de su estado actual, formar una ciudad distinta?
-Es
que una sociedad que ha elegido como filosofía de vida al negocio
a cambio de cualquier otra cosa, no puede tener una ciudad que no
refleje eso. Igual uno puede tratar de encontrar su propio lugar.
Dicen que los habitantes de Buenos Aires tienen tres metros de parque
por persona, pero yo dispongo de 10.000 metros de verde, porque todos
los días me doy una vuelta de una hora en bicicleta por la reserva
ecológica y troto por ahí. Cuento con la suerte de poder hacerlo porque
vivo cerca y no tengo que viajar dos horas para ir a trabajar.
Cada
uno puede tratar de encontrar su pequeña ciudad en su barrio pero,
la posibilidad de transformarla para hacerla habitable, es muy difícil
dentro de esta economía salvaje. Me gustan lugares como Florencia
donde eliminaron los autos del centro, o Amsterdam que es un mundo
de bicicletas.
Acá
para llegar a la Costanera hacen bicicendas, otra hipocresía. ¡Para
llegar a la Costanera Sur hay que esquivar camiones con acoplados
y casi no hay veredas, es realmente un riesgo terrible! Por la autopista
hay cascotes rotos. Es muy difícil llegar a la costa sano y salvo.
Después en Puerto Madero no te dejan atar una bicicleta abajo, porque
es mal vista por los porteros y por toda la mersada de allá. A mi
me han llamado uno de esos guardias de seguridad diciéndome que no
puedo dejarla. ¡Bueno hágame la multa! Como los tipos no pueden hacerla
se quedan ahí. De la misma manera, en los countries no dejan plantar
tomates, creen que es de pobres.
-¿Qué
problema hay con la bicisenda?
-La
bicisenda es para cumplir con las apariencias, como todo. A un gobierno-
telón, al que lo que le importa es la cara y la imagen, le corresponde
una ciudad-telón. La solución sería fomentar realmente el transporte
urbano de pasajeros, la bicicleta, y que los vehículos no invadan
la urbe.
-¿Qué
le gusta de San Telmo?
-Todo
menos el ruido, me gustan los vecinos, algunos bares y el parque Lezama
a pesar de lo deteriorado que está.
-¿Qué
cambios observó desde cuando llegó, a la actualidad?
-Una
lucha en la que va perdiendo el arquitecto Peña paso a paso. Es un
homenaje al ruido, a eso se agrega el horror al vacío, que predomina
en la sociedad. No puede haber un espacio libre sin que los amigos
de San Telmo le donen un mástil. En este país hay una mastilofilia,
tenemos al parque Lezama con un gigantesco mástil, una bandera que
tapa los árboles, esto no lo he visto en otros países. ¿Qué hace en
medio de la plaza? ¿Después qué es? ¿Un subir y bajar la bandera todos
los días? ¿Quién puede negarse a su donación? ¿un traidor a la Patria?,
Pero mientras tanto, ¿que queda ya de la Patria y del país? entonces
llenemos el mundo de mástiles.
En
la plaza Dorrego, los pobres jubilados no tienen donde sentarse, pero
está todo ocupado por las mesas de los bares. Hace poco vino un inspector,
las sacaron a todas y al otro día estaban de nuevo. Eso sí, el mástil
en el medio tendría que dejar lugar a toda la gente, incluyendo a
la que no quiere o no puede pagar. La ley que se está armando en la
ciudad es ¡consuma señor, consuma y sino váyase de aquí por favor
que está sobrando! No es casual porque ese es el concepto de país
que predomina desde el poder.
Hace
poco estuve en Cuba en donde en todos los pueblos hay un bulevar,
que es una calle peatonal. Las vidrieras tienen muy poco lujo, pero
uno camina alrededor de la plaza donde no pueden circular los autos,
(como en la ciudad de Santa Clara, que fue la que tomó el Che) y hay
orquestas tocando gratis. La gente se acerca, baila y camina; se encuentra
y se sienta sin escuchar los motores y así se mueve en su ciudad;
lo que era un palacio en la época de Batista es un lugar donde se
dicen poemas; hay una casa de la trova, otra de los tangos…
¿Cómo
es pasear por un shopping? Es
mirar el mismo producto, la misma vidriera una y otra vez. Un paseo-
fideo, enroscado sobre si mismo.
-¿Cómo
ve la transformación con las privatizaciones de los espacio públicos?
-Cuando
el negocio prioriza sobre la vida el resultado es terrible. ¿Qué es
más importante? ¿Una madre o lo que gana la prepaga? tenemos el país
con mayor porcentaje de cesáreas del mundo, de un 30 a un 40 % cuando
en las naciones en que la medicina está socializada el porcentaje
está entre un 5 y un 10%, pero acá se fijan lo que le conviene al
negocio, no a la salud. Todo está organizado con ese criterio, por
ejemplo los ómnibus son manejados con choferes dormidos a los que
les pagan poco para que sea mayor la renta de la empresa.
Las
veredas no son transitables porque tienen carteles que son un negociado
de Grosso. Dijeron "el sponsor va a poner gratis el techo para la
parada de colectivos" ¡Mentiras! Pone un cartel, hace publicidad y
dificulta el paso. La ciudad es la expresión física de la sociedad
y nosotros tenemos una sociedad salvaje.
-¿Que
haría si pudiera encargarse de la arquitectura de San Telmo?
(Livingston
se entusiasma, agarra el grabador que está sobre la mesa, se lo acerca
y empieza a hablar con la mano sobre el aparato usándolo de micrófono)
-Haría
un San Telmo con menos vehículos -que no pasen por Defensa- con una
peatonal alrededor de la plaza Dorrego todos los días, para que la
gente se encuentre y haga vida social.
Los
colectivos pasarían por las avenidas San Juan, Garay, Independencia
o el Bajo. A nadie le importaría caminar dos cuadras a cambio de tener
una ciudad en silencio. Acá los camiones con acoplados están pasando
containers día y noche a toda hora por todas las calles. ¿Qué clase
de barrio es ese? Solamente el domingo se lo regalan a los turistas.
Una ciudad tanto para consumir como para vivir es lo que debemos tener.
Sacaría los autos del ejido urbano central. Lo mismo que se hace en
Barcelona, la Habana o Madrid. En Nueva York por ejemplo todos los
domingos se clausuran diez o veinte calles por lo que casi no hay
automóviles. Allí hay decenas de ferias y paseos los domingos, en
plena calle.
Aquí
la gente no usa la calle por los vehículos rugientes y porque las
veredas están llenas de carteles que impiden caminar. ¡Acá hay mil
quinientas ventanas y no hay nadie asomado, todas las persianas están
bajas! La gente se ha vuelto para adentro. ¡Mira, no hay nadie!
(Livingston
se para, se enoja, mira desafiante por la ventana y verifica su afirmación)
Vivimos
en una sociedad que prioriza a los automovilistas antes que a los
peatones. El dueño del automóvil es una víctima. Le han hecho creer
que lo mejor que le puede pasar es trabajar gratis de chofer.
-¿Qué
opina del enrejamiento de monumentos y juegos como en la Plaza que
está en San Juan y Tacuarí?
-Es
un síndrome. Ahora estoy sacando fotos al respecto. No debe haber
otro país en donde pongan presos a los bustos. ¿Qué es eso? La gente
no siente como propia a la historia, nosotros tenemos una enfermedad
muy seria que este presidente agrava cuando dice ¡Hay que mirar para
adelante! No sabemos quienes son esos próceres ni de donde venimos.
Pasado, presente y futuro son, en realidad, son una misma cosa, son
el ejercicio de la identidad, que es la salud. Un loco es un tipo
que no sabe bien quien es y por lo tanto no sabe que va a hacer. Nadie
le pondría una reja a la foto de su padre.