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DETRAS
DE LAS REJAS
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 26
Enero
2000
El
paisaje es similar a cualquier placita de barrio, un tobogán, el subibaja,
el pasa mano, las hamacas; todos típicos juegos de chicos. Pero algo
distorsiona a lo que estamos acostumbrados de nuestra niñez: el perímetro
del "patio de juegos" está rodeado por rejas de 1,80 metros
de alto, y un vigilante en una garita poseedor de las llaves de los
candados para abrir y cerrar la diversión. Porque los juegos como los
shopping ahora también tienen horario: se abren las puertas a los de
limpieza a las 7 Am, a las 8 Am al público, y se cierra a las 22 horas.
No,
no es una cárcel, ni tampoco un fragmento de una novela de Huxley, fue
decisión del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que en una maniobra
sin perder tiempo enrejó a todos los monumentos de la Capital Federal.
A los juegos también le llegó la hora. Así vemos enjaulados en el Parque
Lezama a Don Pedro de Mendoza, el monumento a los españoles, la diosa
Ceres, el Señor Invierno, la Loba de Rómulo y Remo, y a los niños.
La
excusa es siempre la misma, una vecina al preguntarle por el nuevo paisaje
contesta: "Está muy bien, porque al parque se lo ve limpio y cuidado.
Las rejas son necesarias porque hay quienes ensucian y rompen las estatuas
y los juegos de los chicos. A veces hasta se los roban". Y mientras
el malhechor escapa con un tobogán al hombro, un señor del otro lado
de las rejas encuentra en la resolución del Gobierno de la Ciudad "otro
de los tantos negociados que nos tienen acostumbrados todos los políticos
sin importar el partido" y continúa diciendo: "el que se mandó
esta, se salvo él y toda su familia.".
Esteban
Canteros, uno de los vigilantes privados que está a cargo de la seguridad
de los juegos del Parque Lezama, nos cuenta: "nosotros estamos
en este lugar desde el mes de Octubre de 1998 y damos un servicio de
24 horas. Somos tres: dos que se turnan cada doce horas y el tercero
hace los francos. Además tenemos una comunicación fluida con la Policía
Federal" cuando se le pregunta como es el procedimiento si alguien
ingresa al cerco después del cierre nos aclara: "primero se le
dice que se vaya y si no lo hace, llamamos a la comisaría. No solo cuidamos
el perímetro que nos corresponde, si vemos algo sospechoso afuera lo
delatamos enseguida".
El
comentado sitio se encuentra sobre Defensa a metros de Martín García.
Y desde allí se puede ver el "patio de juegos" frecuentados
por colegios, abuelos, nietos, padres e hijos. Los más chicos corretean
por todos lados, los más grandes leen el diario o ejercen el chusmerio.
Y
todo se sucede en el lindo corralito del Parque Lezama. Uno de los chicos
patea fuerte la pelota y esta pasa para el otro lado, el niño se aferra
a los barrotes y la reclama, como nadie lo escucha se pone a llorar.
La imagen es patética.
Patricio
Escobar