CENTENARIO
DE SU NACIMIENTO
SENCILLAMENTE
ARLT
"Cuando
se tiene algo que decir, se escribe en cualquiera parte. Sobre una
bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto
a uno dictándole inefables palabras."
El bohemio,
el observador, el periodista; el escritor. Su narrativa proyecta una
ciudad del 30, un Buenos Aires de empedrado sedoso bajo una
llovizna continua que empapa de lucidez a sus personajes, a esos marginados
que juegan permanentemente en el abismo de la locura. Hombres de musculosa
agujereada, chancletas y medias, danzan en un fandango de conventillos,
prostíbulos, ferias y, al mismo tiempo, se ven atrapados en la desventura,
el suicidio y la traición. Ese es su mundo. Levemente se crea una
neblina que emana de las entrañas febriles del cielo Kafkeano o del
inmenso Dostoievski. Pero esta es particular, es portadora de una
sal especial que estremece al porteño en una nostalgia tanguera: la
Av. Corrientes, la humedad, el bandoneón, el arrabal, las "grúas
abandonadas de la Isla Maciel". Un estilo, un lunfardo preciso
y delicioso.
Y del escritor
se cruza al periodista en un ida y vuelta permanente. Sus notas quedarán
inmortalizadas en las "Aguafuertes Porteñas", una impresión
a fuego de lo cotidiano ("diálogo de lechería", "Psicología
simple del latero", "Amor en el Parque Rivadavia")
en una literatura que mezcla el saber popular y lo más alto del intelecto.
Y nosotros
lo admiramos, lo conocemos; dialogamos con él en las madrugadas del
café, y solitarios; respondemos a su guiño.
Alguna vez
los críticos lo negaron e indignados escribieron: "El señor Roberto
Arlt persiste aferrado a un realismo de pésimo gusto
" Quizás
tengan razón, o quizás aquellos que lo discuten nunca tuvieron "El
placer de Vagabundear".
Patricio
Escobar