EL GABINETE DEL NACIONAL BUENOS AIRES

En el macizo edificio de Montserrat se conserva una pieza curiosa. Se trata de algo más inquietante que las antigüedades que abundan en los negocios del barrio.

Se encuentra bajo llave, tras un vidrio, en una vieja estantería. Forma parte del patrimonio del Colegio Nacional de Buenos Aires. Permanece allí, medio oculto entre la colección de materiales para la enseñanza en el Gabinete de Ciencias Biológicas. Ocupa su lugar junto a pequeños roedores y aves embalsamadas, y viejos frascos de formol en los que se preservan distintas porciones del cuerpo humano. El ambiente del edificio es de por sí opaco y saturado de historia, pero en los gabinetes la sensación se hace más fuerte.

La pieza en cuestión, cuelga con prolijidad de un pequeño gancho, que lo sujeta a un marco de madera. Se trata de un esqueleto humano, de proporciones diminutas. La primera impresión es que se trata de un niño; es, en realidad, el esqueleto de un enano, cuya estatura al momento de morir era de 75 cm.
No muchos le prestan atención. Los profesores no lo sacan delante de sus alumnos durante las clases de anatomía. Antes que un elemento de enseñanza, parece un fragmento del pasado sedimentado y semi-olvidado.

El fallecido profesor Swiatlo, aseguraba que el esqueleto del enano había ingresado al gabinete en 1902, de acuerdo a un viejo inventario del Colegio. El enano habría vivido en la zona, y habría sido un punguista, un ladronzuelo que adquirió cierta fama en el barrio, a fines del siglo XIX, por su habilidad para escabullirse dentro de las casas de las familias ricas que, por entonces, aún permanecían en la zona. Para sus excursiones nocturnas, el enano aprovechaba la red de túneles y alcantarillas que recorren el subsuelo del barrio, y que le brindaban un escondite seguro. Allí encontró su fin, cuando una noche de sudestada lo halló desprevenido en uno de los túneles, y la crecida del río lo arrastró antes de que pudiera escapar.

La profesora Barone, afirmaba haber conocido a un viejo médico, también profesor del Colegio, quién aseguraba que esta historia era real, y que él mismo la había escuchado en boca de un testigo presencial. Se trataría del médico forense, que había sido el encargado de realizar la autopsia del enano, y quien luego habría llevado su cuerpo al gabinete del Colegio, donde también trabajaba. Una pregunta, entonces, queda flotando, y se refiere a este forense. ¿Qué colección tenía en mente? ¿Qué otra pieza hubiera incorporado a su gabinete?


Carlos Gradin

 

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