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LA
CULTURA ARTESANAL PADECE LA INDIFERENCIA OFICIAL
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En San Telmo y sus
alrededores Nº 34
Febrero 2001
Las
ferias artesanales le dan un brillo especial a los espacios públicos.
Sin embargo, muchos artesanos consideran que su trabajo no es valorizado
como producción cultural. Artesanos del Lezama cuentan su forma de
vida y su malestar porla indiferencia a sus propuestas para enseñar
y difundir el arte de las artesanías.
Todos
los sábados, domingos y feriados desde las 10 hasta las 21 hs., en
el parque Lezama es posible encontrar variadas artesanías trabajadas
en cuero, metal, cerámica, madera, telas o plástica. Se encuentran
desde mates, hasta figuras adentro de una lámpara o botella, títeres,
instrumentos musicales, bolsos, carteras, sandalias, bijouterie y
una cantidad innumerable de objetos, que varían semana tras semana
porque muchos de los puesteros rotan en forma permanente.
La
artesanía se define como una forma de producción en la que se producen
en forma independiente objetos utilitarios o decorativos para la vida
cotidiana, utilizando instrumentos o máquinas en la que la destreza
manual del hombre es imprescindible. En la Ciudad de Buenos Aires
tiene un espacio todos los fines de semana en la plaza Italia, en
plaza Vuelta de Rocha (Caminito), en la plaza Intendente Alvear, en
la plaza Manuel Belgrano, en el parque Centenario, en la plaza Manuel
Dorrego, en la plaza Bernardo Houssay y en el parque Lezama.
"La
artesanía es una forma de vida", resalta con orgullo Roberto
Romero, que tiene 50 años, es flaco tiene el pelo largo y canoso y
es delegado desde hace tres años de los artesanos del Lezama. Toda
su familia es artesana. "Es duro tener que estar todos los sábados
y domingos en una plaza o en un parque y después tener el taller en
la casa en el que trabajamos de lunes a viernes. Vivimos de otra forma
respecto al resto de la gente. Uno es creador, fabricante, vendedor,
prácticamente hace todo. La forma de vivir nuestra es bastante libre.
La artesanía te da una apertura de cabeza enorme, te posibilita viajar,conocer
artesanos de otros pueblos y tener una interrelación con gente de
distintos lugares", comenta Romero. "Es como ir un poco
en esta sociedad de contramano. En mi caso pude criar a mis hijos
todo el día, al trabajar en casa. Uno tiene 23 años y está viajando
por Latinoamérica. Otro tiene 5 y desde que nació, vivió y durmió
bajo el puesto. Muchas veces hasta dejamos de comer pero no dejamos
de tener materia prima para trabajar. En general nosotros trabajamos
todo el año. Cuando nos tomamos licencia y vamos a la costa, seguimos
con nuestra tarea. A todos los lados que vamos, aunque sea a una fiesta,
llevamos nuestros bagayos porque salimos de una Feria. La mochila
es parte de nuestro cuerpo".
La
esencia del oficio
En
el parque Lezama hay varios invitados permanentes porque desde el
año ´94 no se entregan nuevos permisos para estar fijos en un puesto.
¿Es la artesanía una forma de vida? Distintos feriantes opinan al
respecto: Pedro David resalta el trabajo manual aunque económicamente
gane más con producciones estandarizadas. Vive en Glew donde tiene
un taller familiar. A los 49 años hace cerámicas y portavelas para
santuarios, pero su entusiasmo está en otra parte. "Lo que hago
es alfarería, trato de mostrar su esencia. Estoy acá desde hace un
año como invitado permanente. Hace 20 años que soy alfarero. Me gustaría
dedicarme solo a la artesanía pero no se puede".
Arnoldo
Iriarte tiene 46 años, en el ´88 ingresó en el sistema de ferias y
con anterioridad trabajó muchos años en la industrial del calzado.
Se dedica a la artesanía en cuero y considera que se ha creado todo
un mito sobre ellos, como si fueran personas distintas. "Es un
trajín distinto. En cuanto a la responsabilidad, trabajo 14 horas
por día. Los artesanos no paramos nunca, de lunes a viernes estoy
dentro del taller, salgo a comprar los materiales, y el sábado y el
domingo estamos acá casi todo el día. Me levanto a las 7 de la mañana
y recién a las 10 o a las 11 de la noche aterrizo en mi casa. Desde
afuera hay gente que piensa que somos hippies y estamos todo el día
borrachos o drogados. A veces nos quieren ver desde afuera como raros".
Ricardo
Caressa tiene 41 años y empezó a dedicarse a tallar artesanías en
madera mientras esperaba que el trámite administrativo terminara de
una vez y le den el título de arquitecto. Está desde octubre del ´93
en el parque Lezama, empezó como invitado y después consiguió ser
permisionario. A veces va a otras ferias del sistema, como las de
plaza Francia, Belgrano, Vuelta de Rocha o parque Centenario y por
otro lado se dedica a su profesión. "Me gustan los dos trabajos
porque son creativos y los hago por mi cuenta, no me puedo quejar.
Una vez escuché en una discusión que los artesanos tendrían que pagar
al menos monotributo y un artesano de muchos años se levantó y dijo:
Señores, el artesano no se jubila, es artesano hasta que se muere
y tenía razón. Está dentro de uno. Hasta los cinco últimos minutos
vas a estar haciendo algo, sea con un pedazo de cuero, de alambre
o de madera".
La
organización
Roberto
Romero, al igual que otros artesanos, está molesto porque considera
que las autoridades en la Ciudad no los apoyan lo suficiente. "Hay
una ordenanza (46.075) que no se cumple. En la primer hoja declara
de interés municipal la actividad artesanal en la Ciudad de Buenos
Aires y considera una política cultural darle importancia, pero nunca
se reglamentó. Sería bueno que las ferias tengan mayor organización
y apoyo oficial. No hay Casa del Artesano. Necesitamos formar la Escuela
Artesanal de Buenos Aires. Hoy la juventud no tiene lugar para aprender
artesanías y esta es una fuente de trabajo importante. Lo hemos probado
acá con gente joven que hemos invitado, han salido de la calle y ahora
son artesanos".
Por
otra parte destaca los eventos culturales que preparan. Los artesanos
del Lezama se encargan de organizar varios recitales que se realizan
en el anfiteatro. "Acá vienen expresiones musicales y hay funciones
de teatro, de títeres, de malabares
Una maravilla: todo lo cultural
under que no es tenido en cuenta". Considera que extendiendo
Defensa como peatonal los domingos hasta el parque, se podría atraer
a más turistas. También reflexiona: "Necesitamos tener una entidad,
una dirección y conectarnos con artesanos de todo el país, de Latinoamérica
y de Europa". Dice que la Feria del Lezama tendría que tener
150 permisionarios y solo quedan 30. "Nos exigían a todos una
fotocopia del CUIT, el pago de autónomos". Por otra parte se
queja de los problemas internos de disciplina por la falta de control.
"Acá si hay un tipo pesado no podés hacer nada, al igual que
si aparece una feria paralela. Nadie discrimina quien es artesano
y quien no, faltan inspectores. Quien viene solo puede mirar nuestro
libro de actas, porque es el único documento que tenemos de que la
feria existe". Resalta que tienen interés en participar con las
organizaciones barriales de la zona para poder trabajar en conjunto.
"Si nos dan espacio, podríamos hacer talleres con los chicos
del barrio, hacer intercambios con escuelas carenciadas con las cuales
podríamos colaborar con materiales, o ropas o cosas así".
El
último censo de artesanos fue en el ´95. Los delegados de las distintas
ferias artesanales no tienen un espacio oficial para reunirse, pero
se juntan por su cuenta todas las semanas en encuentros llamados interferias.
Dentro de los artesanos están los permisionarios que están todos los
fines de semana, los invitados permanentes que también están siempre
pero no tienen un permiso definitivo y los invitados que van rotando
por distintas ferias.
El
trabajo de los artesanos es sacrificado, pero se hace con pasión,
entusiasmo y orgullo. Muchos sueñan con viajes a otras ferias, para
conocer distintas culturas. Un trabajo independiente, personalizado
y creativo que contrasta con las producciones uniformes, estandarizadas
y masivas.
Eduardo
Scirica