Desde hace 14 años deleita a visitantes, vecinos
y turistas. Pedro "El Indio" Benavente, anima todos los domingos
la plaza Dorrego. En el horario de la Feria de Cosas viejas y antigüedades
brinda un espectáculo a la gorra en el cual narra los orígenes
del tango y baila con su pareja Leticia distintos estilos. Por la noche
organiza una milonga al aire libre.
Siendo primer bailarín del ballet Brandsen y estando en el
Ballet Folklórico Nacional, optó ser artista callejero.
Realizó varias giras mundiales, es admirador de San Telmo y la
cultura popular.
¿Porqué teniendo un futuro promisorio en el Ballet
Folklórico Nacional decidiste trabajar en la calle?
Antes estaba desesperanzado, me iba bien artística y profesionalmente
pero no estaba conforme con lo que estaba haciendo. Estuve trabajando
con casas de tango, pero empecé a trabajar en la calle por adopción
y por cariño. Los espectáculos de tango suelen ser muy
caros, no están accesibles para todo el mundo. Hacerlos en la
calle le da a mucha gente que no tiene para pagar, la posibilidad de
verlos.
¿Cómo fue que tomaste la decisión?
Mi abuela, que tiene 94 años y conversa de cualquier tema, me
dio el empuje que necesitaba para ir a laburar a la calle. Me dijo "buscate
una compañera, andá a un lugar y yo te acompaño".
Un fin de semana toqué en la plaza de Lomas y empecé.
Después estuve en La Boca, en Caminito, en Recoleta y en la
plaza Dorrego. Peña fue una de las primeras personas que me escuchó
y me dio una oportunidad cuando me vio hacer mi repertorio. Hoy por
hoy el espectáculo es un clásico dentro de San Telmo.
En tu espectáculo muchas veces hacés referencias a
temáticas sociales, algo que no resulta frecuente ver en tango.
Discépolo hablaba de temáticas sociales, hay tipos
que hicieron escuela. Estamos en un momento de mucho antagonismo. Parece
que no pudiéramos construir caminos. Cuando hablo de los cartoneros,
de los piqueteros, de los que no tienen trabajo, o de los que tienen
trabajo pero no les alcanza, a veces hay gente que no le gusta. Sin
embargo he logrado un respeto que vale. Eso no quiere decir que lo que
digo es la única verdad, es una parte de la suma tan amplia,
tan compleja y tan maravillosa, de los distintos sectores del tango.
¿Desde cuando hacés el espectáculo de San Telmo?
El espectáculo callejero lo hago desde hace 14 años. Empezamos
a las 11 de la mañana y vamos rotando cada media hora con otra
pareja de bailarines. Se basa un poco en la historia del tango y de
San Telmo, que lo considero un reducto del alma de Buenos Aires, que
tiene que ver todavía con nuestra identidad. Estamos en un espacio
cultural, educativo y social. La milonga del domingo a la noche en la
plaza Dorrego está desde hace 10 años. Va desde las 7
de la tarde hasta las 12 de la noche, aunque en invierno termina un
poco antes. Buscamos llegar a acuerdos para no molestar a los vecinos.
Hacen falta espacios relacionados con el encuentro popular. A veces
se acercan educadores, maestros, personas de bibliotecas barriales.
El espectáculo ya no me pertenece solo a mi, lo fui construyendo
con la ayuda de mucha gente.
¿Cómo ves a San Telmo?
Es un barrio maravilloso que tomé por adopción. No es
solo un paseo turístico, es un lugar que tiene historia. Estamos
en un lugar en donde se fundó la ciudad de Buenos Aires. Uno
no se da cuenta a veces que Paseo Colón era un río, que
en el Parque Lezama había esclavos. Ves la casa de French frente
a la plaza Dorrego, las calles con adoquines, o lugares en donde todavía
se ven los rieles del tren. A veces cierro los ojos y pienso que están
sonando los tambores.
Ahora la geografía de San Telmo va cambiando, está el
lugar un poco vapuleado porque está pasando a ser netamente comercial.
Antes era el purrete de barrio y de ser un viejo barrio, está
adquiriendo una nueva fisonomía. Pero va a sobrevivir porque
no es solamente las manzanas turísticas. Un día de semana
a las tres de la tarde, se siente que está vivo.
¿Qué anécdotas recordás que puedas contar
de estos años de trabajo en la plaza Dorrego?
Una vez no tenía la gorra. Vino un chico rumano, me dio una y
se puso a tocar la Cumparsita mientras yo pasaba la gorra. Me impresionó
y me emocionó. Hace poco se la regalé a un poeta que no
tenía, para que la pase en el colectivo. Por lo menos para mi
como artista, es una imagen poética que tiene mucha ternura.
De repente también pasa en días de lluvia, que durante
la milonga de los domingos la gente se pone a bailar con paraguas. En
la plaza conocí a todo tipo de gente. Haciendo memoria, la verdad
es que a veces no puedo creer todas las cosas que pasan. La memoria
histórica barrial muchas veces no está en los libros.
Otra anécdota la tuve con los Red Hot Chilli Peppers. Estaba
en La Boca y después en San Telmo. Cuando vinieron a ver el espectáculo,
pensé que eran pibes de la barra brava. Me invitaron a tocar,
le enseñé toda la tarde al bajista La Cumparsita y no
le salía. Me llevé una sorpresa cuando entré al
estadio, estaba lleno. Fue la primera vez que bailé un tango
en Obras.
Es frecuente que haya gente filmando los domingos el espectáculo
en la plaza Dorrego.
Hicieron varios documentales. De Japón, China, Europa, Estados
Unidos, Cuba y otros lugares, es un trabajo de muchos años.
¿Cuál es tu experiencia en la Divina Milonga?
Estamos trabajando los jueves en La Divina Milonga (en Independencia
572), que es muy barata. Hay músicos en vivo, orquestas y tiene
una entrada popular. Siempre me interesó hacer esto porque vengo
de un barrio. Hoy me duele el negocio del tango, hay cosas que no van
de la mano. Por un lado el turismo está contento, pero no hay
que olvidarse que con una entrada a 10 o a 30 dólares, se le
está negando la posibilidad de apertura a los argentinos y a
los visitantes latinoamericanos.
¿Qué te pareció el Festival de Tango en la
Rural?
Está alejado de lo popular. Apunta a lo turístico, a gente
de todo el mundo que viene interesada por el tango. A mi me interesa
más lo que pasa en los barrios.
¿Qué te interesa investigar del tango?
Me interesa mucho investigar no solo el aspecto histórico, sino
lo que está pasando actualmente. El tango viene muy bien. Es
algo que nos da identidad, nos proyecta y también nos da una
esperanza de país. El folclore, y el rock and roll también.
Tipos como León Gieco o los de la Bersuit, a mi me parece que
hacen un camino, al igual que folcloristas como Zulma Rocha, o Arbolito,
que son pibes jóvenes que están haciendo folclore. Nosotros
somos un país complejo armado con varias culturas diferentes,
que supimos dar al mundo algo hermoso que es la danza y la poesía
del tango, que cada vez gustan más. Creo que empezamos a mirar
para adentro también. Qué pasa con el cantante barrial,
con el tipo que está en un bar. Los bodegones viejos cantando,
los poetas de la calle. A veces veo tipos que están laburando
como cartoneros o vendiendo en la calle y resulta que son poetas. Leés
la revista "Hecho en Buenos Aires" y ves que tienen una poesía
tanguera impresionante. En el rock nacional escuchás a Charly
García y tenés cosas que son muy tangueras. Su poesía
es rioplatense. El tango se escucha en todo el país. Hay que
investigar y escribir en algún momento no solamente lo que hace
el gobierno, sino lo que está haciendo el pueblo. He visto milongas
en Salta, en Ushuaia, en Mendoza, en todas partes.
Tu posición es más abierta que la de otros folcloristas
y amantes del tango, que prefieren lo tradicional y no les convence
la mezcla con lo que dicen que es música importada.
Lo que pasa es que si te ponés a pensar, el tango tiene que
ver con los inmigrantes y también con los negros esclavos que
hubo acá, con los indios, con los gauchos. Armamos nuestra historia
también con el aporte de otros países. Tenemos turcos,
judíos, musulmanes, gente que vino del Africa. Pudimos dar luz
con el aporte de distintas países del mundo. Si te fijás
acá está lleno de pibes que además de tango escuchan
seguramente rock and roll.
El arte es arte en cualquier parte del mundo. Hay buen jazz, buen folclore
y buena música en todas partes. A mi me interesa conocer al poeta
que está en Alemania o en Palestina y también al músico
que vive en Latinoamérica. Es maravilloso descubrir y encontrar
al mundo a través de la cultura.
¿Qué tal las giras mundiales?
Tuve invitaciones de Moscú, México, Montreal, Francia,
Italia, China, de Grecia. Es muy lindo que siempre hay un lugar en el
mundo en donde quieren el tango. A veces cuesta porque los cantores
tienen miedo. La gente disfruta, se ríe y se sorprende. No lo
puede creer cuando cuento la historia y como bailan el tango Al Pacino
y Schwarzenegger, o cuando cuento la historia de Valentino. Hay una
película de guerra que Schwarzenegger termina bailando el tango
de manera horrenda. Si gobierna como baila, en California sonaron. A
veces hago referencias a la vinculación del tango con la política,
a la relación de Magaldi con Evita. Trato de jugar también
con el humor, con la sátira, el grotesco, con los códigos
teatrales.
Es una forma de difundir el patrimonio cultural desde una mirada no
del todo convencional
Ojalá algún día tengamos un país que reconozca
el trabajo silencioso de artistas difundiendo el patrimonio cultural.
Por ejemplo que se recuerde a Villafañe, un tipo que recorrió
con los títeres toda Argentina.
Una vez estaba en un barrio que estaba atravesando la crisis y me encontré
con una mujer que llevaba 30 años laburando en una biblioteca
popular ad honorem. Es una ciudadana ilustre de Buenos Aires. Hay una
biblioteca itinerante de gente de Temperley, que van con una combi por
todo el país haciendo muestras, talleres de literatura. En Misiones
hay un tipo que va en un colectivo difundiendo el chamamé por
todo el Litoral.
En Pompeya está el Teatro de La Goma. Es impresionante, está
el fin de semana en un taller mecánico, por eso se llama así.
A veces va la murga. Fui a bailar ahí con todo el barrio. Estas
múltiples experiencias de gente que dignifica al país,
dan muchas ideas.