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REPORTAJE
AL ARQUITECTO JOSE MARIA PEÑA
UN
LUCHADOR CONTRA EL OLVIDO
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 2
Junio
1997
El
arquitecto José María Peña investiga la arquitectura de Buenos Aires
desde 1959. Desde ese momento dedicó gran parte de su vida a preservar
las construcciones edilicias que representan la historia de la Ciudad
de Buenos Aires. Peña se desempeña en el Museo de la Ciudad desde
sus orígenes en 1968. Fue uno de los impulsores de la ordenanza que
en los '60 convirtió a San Telmo en área de preservación histórica.
También fue el organizador y promotor de la Feria de Plaza Dorrego,
lugar que visita domingo a domingo desde 1970.
-¿Cómo
fueron sus primeros pasos en el estudio de la Ciudad de Buenos Aires?
-Empecé
a trabajar en investigación de la arquitectura argentina en el año
1959. Al estudiar a los siglos XIX y XX empezamos por Buenos Aires.
Trabajábamos tres arquitectos. Se decidió hacer un inventario tomando
como límites el plano de 1880. Se dividió a cada uno de los lugares.
Ami me tocó San Telmo, parte de La Boca, parte de Barracas y parte
de Flores. Reconozco que fue mi primer encuentro real con San Telmo.
Ibamos con planillas casa por casa viendo los frentes, evaluando de
que época podían ser, si a mi criterio valía la pena tratar de construir
planos. Cuando uno hace un trabajo de ese tipo, que es muy minucioso,
es como si en una casa se decide recorrer los ambientes, ver como
son los muebles. Uno termina comprendiendo el espíritu de la casa.
En
definitiva, la ciudad, para mí eso es muy importante, es realmente
la casa de los que viven en ella. Uno vive mucho más fuera de la propia
casa que dentro y si no hace algo para conocer esta ciudad donde vive,
en realidad es como si estuviera casi de turista. Aunque ni siquiera,
porque en ese caso miraría más. Se hizo una investigación en el año
'65 y comprobamos que en el lapso de cuatro años prácticamente el
35 % de las construcciones habían desaparecido. Por demolición o porque
se habían cambiado las fachadas. Eso sucedía en todas partes, el barrio
sur estaba como detenido en el tiempo.
En
el '71 era director del Museo de la Ciudad. Tuvimos que hacer un informe
de lo que a nuestro criterio tenía que preservarse. Me acuerdo que
uno de los lugares que considerábamos claves era el de la Plaza Dorrego,
porque era absolutamente artística en comparación con el resto de
las plazas de la ciudad. Era necesario hacer algo para que la gente
la conociese. Se dio la posibilidad de inaugurar la Feria de San Telmo,
que fue propuesta por el Museo. Confirman una semana de Buenos Aires
en noviembre del '70 y se puede inaugurar. Lo primero fue establecer
que prácticamente todas las cuadras, casas y frentes eran una verdadera
reserva de la arquitectura vieja de Buenos Aires.
El
museo se creó en el año 1968. Si bien la Feria nunca había existido,
iba a ser una sala al aire libre del museo, porque todo lo que se
vende ahí formó parte de las casas de Buenos Aires. Por otra parte,
si la feria tenía el éxito que nosotros esperábamos, la gente iba
a encontrarse con el barrio. En el año 1978 empezamos a hacer una
clasificación de edificios de toda esta zona. Todavía quedaban a raíz
de todas esas ordenanzas que habían limitado y no habían sido cambiadas.
Era como un diccionario de la arquitectura de la ciudad, porque Buenos
Aires se caracteriza desde 1850 por una superposición permanente de
influencias.
El
Consejo de Planificación Urbana dependía de Obras Públicas. Empezamos
a trabajar y en abril del año '79 se creó la Comisión Permanente para
la Preservación de Zonas Históricas. San Telmo era un lugar clave
pero no el único. No era necesario que las construcciones fueran del
siglo XVIII, ni siquiera del siglo XIX. Lo que es importante para
la memoria colectiva, es que sean para la gente de ese lugar realmente
significativos. Se puso un límite que fue Rivadavia, Saenz Peña, Hipólito
Yrigoyen, Tacuarí, Martín García. Paseo Colón. La avenida de Mayo
significaba el cambio de Buenos Aires de Gran Aldea a ciudad moderna.
Cambió totalmente la historia. Por eso estaba incluido dentro de lo
que nosotros consideramos zona histórica. La ordenanza puso una altura
máxima porque la idea era recuperar de toda esa zona lo que había
sido en origen, se quería reforzar esto como área de viviendas. En
la calle Piedras y en la calle Tacuarí se habían juntado casas que
vendían elementos para máquinas o herrerías porque el alquiler era
muy barato. Hicimos un censo muy grande de todos los usos que había
en la zona y comprobamos, por ejemplo, que esas casas cerraban muy
temprano. A la noche estaban todas las cortinas bajas, era la oscuridad
absoluta. Había que cambiar necesariamente la vitalidad del barrio.
-¿Cómo
afectaron a la vida del barrio la feria y las ordenanzas de preservación?
-La
feria tuvo éxito desde el primer momento y eso fue como una inyección
de vitalidad. En primer lugar no hay que cambiar a la gente que vive
en el barrio, no hay que sacarle incentivos. De alguna manera hay
que insertar el hecho contemporáneo. Para nosotros era absolutamente
central que no se transformara en una zona museo. Este lugar tenía
que seguir como barrio, revalorizando cosas pero totalmente integrado
con los hechos contemporáneos.
Para
que esto quedara por ejemplo muy bien marcado, cuando había un terreno
baldío la obligación era construir en arquitectura contemporánea,
porque si uno hablaba de la superposición permanente no era cuestión
de que las generaciones actuales quedaran borradas. Cuando no existía
la ordenanza de zona histórica, una casa se vendía por el valor de
un terreno. Estaban esas limitaciones, el barrio estaba muerto, entonces
no vendía nada. Acá empezamos a cobrar un valor diferente. De eso
hay estadísticas hechas, aunque por supuesto no es lo que aceptaban
en ese momento las inmobiliarias.
Desgraciadamente
en el año'82 la zona sufrió toda una campaña liderada por las inmobiliarias
y se cortó en dos. En vez de llegar hasta Tacuarí, llegó a Perú, Hipólito
Yrigoyen, San Juan, Paseo Colón y el entorno del Parque Lezama, Brasil
y Defensa. Todo el resto quedó separado y sin ninguna protección.
En definitiva lo mejor son las propias evaluaciones… Ver qué sucedió
de Perú a Tacuarí y ver qué sucedió de Perú a Paseo Colón. En el lado
que fue desafectado se destrozaron infinitas plantas bajas para modernizar
como sucede en toda la ciudad, con el pésimo criterio de "no me interesa
el edificio yo voy a hacer aquí lo mío", con lo cual el valor económico
de la propiedad baja. Porque no es lo mismo poder mostrar un inmueble
que está intacto, a uno que tiene un montón de intervenciones.
La
ordenanza se mantuvo con el criterio de preservar la totalidad de
viviendas en el área conservada hasta noviembre del '91, cuando se
dictó una nueva, que no contempla la totalidad de residencias sino
ejemplos aislados. Personalmente creo que si uno habla de preservar
la memoria colectiva como algo pensable para saber donde uno está
parado y cuales son nuestras raíces, una zona tiene que tomarse como
una totalidad. Si uno pudiera evaluar de alguna manera nada más que
los intereses de un sector o sabiendo qué cantidad de artículos aparecían
en una época y otra, en el momento en que se empezó toda esa cadena
hasta hoy, es abismal la diferencia en cuanto a la comprensión y valoración
de San Telmo.
Lo
que sería realmente una lástima es que se perdiera una unidad. La
Plaza Dorrego es como un diccionario histórico. Porque hay edificios
de 1860, de la década del '30, de 1916, de 1910, de 1912, etc. Es
un verdadero testimonio que se destruiría también si detrás empezaran
a aparecer moles. Todo esto es una cuestión de concepto, de pensar
si esto se considera o no necesario.
-
¿Cómo reaccionó el comercio en general con las ordenanzas?
-Depende
de la amplitud o cerrazón. Desconocer que la feria de San Telmo es
la que salvó al barrio es no querer mirar la realidad. Es un hecho
comercial y turísticamente no creo que haya otra igual. De ella viven
no solamente los que tienen puestos, las empresas de turismo, todos
los que tienen locales o alquilan, o los que en su momento los vendieron.
Los domingos la calle Defensa es peatonal hasta Carlos Calvo, sin
embargo lo es virtualmente hasta Independencia. Voy a dar un ejemplo,
los negocios de antigüedades. Los que tienen anticuarios viven mucho
de los turistas y comerciantes que vienen del exterior. En San Telmo
hay una enorme cantidad de locales.
Ellos
pueden ir a la calle Libertad o a la calle Marcelo T. de Alvear, pero
en general vienen a San Telmo porque están todos los locales de antigüedades
cerca. Los anticuarios de San Telmo y la feria figuran en guías turísticas
internacionales hechas por extranjeros que consideran esta zona como
de interés. A los turistas que vienen a San Telmo precisamente lo
que les deslumbra es la superposición, se quedan maravillados de los
edificios de los años '30, de los años '20. El día que eso se cambie
ya no les interesa más.
-
¿Qué reflexión principal le queda después de tantos años de la Feria
de Plaza Dorrego?
-
Hay pocas ferias que quedan en el mundo donde todo lo que se vende
(nosotros preferimos decir "todo lo que se encuentra"), son cosas
viejas. Algunas que son viejísimas, como por ejemplo el famoso Mercado
de Pulgas de París, también venden cosas nuevas. Lo que a ellos los
sorprende es que todo esto haya formado parte de las cosas de Buenos
Aires a través de tantos años y no se haya acabado.
Peña
es un defensor de la identidad en la lucha contra el olvido. Su trabajo
ha generado polémicas con las inmobiliarias y también con propietarios
y comerciantes. Aún San Telmo se conserva como barrio histórico, todavía
no se han demolido en nombre de la modernización construcciones de
enorme valor simbólico. Si la ciudad mantiene aún lazos de contacto
con los cambios de su gente a través del tiempo, en cierta medida
es por la dedicación, con aciertos y errores, (más allá del grado
de rigidez que se pueda llegar a observar en alguna normativa), de
los apasionados por su historia.