LA LLAMADA DEL
12 DE OCTUBRE

"El primer elemento percusivo que percibimos es el corazón
de nuestra madre", dice un percusionista uruguayo residente en
Buenos Aires, y como la vida, todo deja de ser cuando el ritmo cesa.
En Argentina la historia del candombe, coincidiendo con la suerte
de los esclavos desarraigados de Africa, está desaparecida.
La peste amarilla y las guerras borraron una parte de nuestras raíces.
La historia de la esclavitud no se cuenta, pero renace a través
de las llamadas que se hacen en la plaza Dorrego todos los días
feriados. Antes de comenzar a tocar se realiza el temple, una suerte
de fogata que sirve para calentar el parche del tambor. Es un momento
donde la gente se saluda, se reencuentra e intercambia comentarios.
Así comienza parte de este rito donde no falta la alegría
y la bebida.
En la llamada por el 12 de Octubre, se realiza un recorrido por la
calle Balcarce hasta el parque Lezama. Gran paradoja histórica,
porque en un lugar donde antiguamente se reunían los esclavos,
ahora remueven la tierra los tambores con su ritmo furioso los domingos.
Es acompañado por las bailarinas, que juegan y representan
el papel de distintos personajes del candombe. En el ballet callejero
no falta alguien que represente al gramillero (un médico brujo
que lleva un maletín lleno de yuyos. Este hombre mayor de barba
blanca baila tambaleándose, mientras se apoya en su bastón)
y está la mamá vieja, que simboliza la divinidad y ancestralidad
femenina. La nodriza pastelera, baila con el gramillero, al que le
coquetea en un juego de seducción por medio de la aceptación
y el rechazo.
Los observadores se suman en esta procesión y a veces también
se animan a bailar. Se acercan curiosos observando con atención
el ritmo pausado de la marcha. En las llamadas de los feriados no
hay comparsas determinadas. Todas se suman en una gran cuerda, es
decir en una unión de tambores. Quien quiera y se acerque con
respeto, puede compartir un momento y si sabe, tocar un tambor. El
cuerpo de baile convierte en movimiento la energía que desprenden
los tambores. En la cuerda hay tambores piano, que son los de mayor
tamaño y suenan más graves; tambores chicos, de afinación
más alta que dan la métrica; y repiques, que son tambores
medianos de afinación media que dan la base, cuya función
es unir los pianos y los chicos mediante una constante sincopa e improvisación.
Como en cada feriado, los participantes de distintos grupos de candombe
van mezclados recorriendo históricas calles del barrio.
"Hay que educar al candombe. No es solo ritmo sino una forma
de pensar, de vivir y de sentir", dice Javier Da Silva, profesor
uruguayo que reside actualmente en Argentina.
"No solo Javier me enseñó a sentir la música
sino además a conocer los códigos del candombe, es decir
el respeto por el tambor y sus raíces. Hasta todo lo que implica,
más allá de guiñarle el ojo a las chicas. La
llamada del 12 de Octubre es importante por una cuestión histórica.
El tambor es un instrumento de reclamo, uno está en la calle
y quieras o no estás diciendo algo.
No es que vamos a tocar llorando lágrimas de sangre, pero
tampoco vamos a festejar. A través de los encuentros con tambores
hay una búsqueda de la historia perdida, porque se recuerda
por ejemplo a la gente que ya no está", comenta Juan Ignacio
Segonane, quien es estudiante de musicoterapia, tocó en la
comparsa Las Lonjas de San Telmo, y ahora pertenece al grupo Malinke.
El poeta africano Amos Totuola escribió: "cuando el tambor
comenzó a tocar el tambor, los que estaban muertos desde hacía
años, vinieron para ser testigos, de cómo el tambor
tocaba el tambor".
En San Telmo a través de la herencia y la transmisión
de distintas generaciones, se transpira candombe. En las llamadas
de los feriados, todos los domingos en el parque Lezama y en distintos
espacios de encuentro, se recuerdan símbolos, códigos
y representaciones de la identidad afro-rioplatense. Muchas veces
sintonizan con el sector oriental del Río de la Plata repercutiendo
los sonidos a través de Los Bongas, las Lonjas y tantos otros
grupos que suelen desfilar por el sur de la ciudad.
Florencia Mailmann