HACE 69 AÑOS COMENZABAN LAS GRABACIONES SONORAS DE GARDEL

LOS COMIENZOS DEL CINE SONORO

En San Telmo y sus alrededores Nº 24

Septiembre 2000

Cuando se recorren las calles cercanas o pertenecientes al Casco Histórico de la Ciudad, además de antiguos edificios de diversos estilos arquitectónicos, que esconden un rico pasado, es posible encontrarse con placas que rememoran anécdotas y recuerdos de la vieja Buenos Aires. Quien camine por la calle México, cuando pase entre Tacuarí y Piedras, encontrará una chapa que recuerda:

"Aquí nació en 1930 la industria cinematográfica argentina, a través de las primeras películas sonoras filmadas en Latinoamérica que registraron la voz y la imagen de Carlos Gardel. En el nombre del realizador de esta obra fundacional, el pionero Eduardo Morera. El Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires rinde este homenaje a la cultura nacional. Comisión de Cultura y difusión, 30 de septiembre de 1996".

Próxima a cumplir seis años, esta placa ubicada en un galpón de estacionamiento de Montserrat es un pequeño homenaje a la voz ciudadana de los porteños. Casi 70 años después, este garaje de México 928/36, sigue existiendo como tal, guardando extrañas anécdotas que recuerdan los orígenes del cine sonoro argentino.

En el tintero se esconden viejas historias que evocan la fuerte presencia de la música ciudadana de los porteños y las primeras experiencias en el cine sonoro de Carlos Gardel. Una época en la que la radio se iba expandiendo y poco a poco penetraba en casi todos los hogares condicionando los comienzos de un cine, que si bien la precedía en el tiempo, recién entonces se hacía parlante.

Los cines de barrio constituían, tal vez, el entretenimiento predilecto de sus vecinos. Entre los motivos del éxito que por esa época tenía el cine nacional, los especialistas destacan que usaba el lenguaje cotidiano del pueblo. Este cine paseó la imagen porteña mitificada por todo el interior argentino. A través del cine se producía un nuevo fenómeno de comunicación. Por las pantallas, por primera vez, una masa creciente de espectadores pudo apreciar la presencia de los inalcanzables del teatro, la voz y la imagen de las orquestas que se oían por la radio, los cantores populares, el paisaje de los conventillos y los patios de Buenos Aires, poetizados por el teatro y las letras de tango. Los nombres, las voces y las imágenes de Libertad Lamarque, Luis Sandrini, Tita Merello, Pepe Arias, Azucena Maizani, Mercedes Simone y tantos otros ídolos populares, pasaron de la fuerza del cartel publicitario al vaivén del ensueño y la memoria. Pocos años después, en el segundo lustro del ’30, Argentina se consolidó como gran exportadora de películas nacionales hacia toda Latinoamérica.

En el libro "Reportaje al cine argentino. Los pioneros de la radio", el productor Eduardo Morera recordó, sobre los cortos realizados en el garaje de México y Piedras: "Los cortos de Gardel ya eran sonoros. Gardel era muy reacio a hacer películas y Razzano era un muchacho de mucha visión comercial. Comenzamos con un corto que se llamó Viejo Smoking…". Después continuaron Mano a Mano; Yira, Yira; El Carretero; Añoranzas; Canchero; El Carretero; Leguizamo solo; Enfundá la Mandolina; Mano a Mano; Padrino Pelao; Rosas de Otoño; Tengo Miedo.

La película se llamó Así Cantaba Carlos Gardel. Esta película de montaje de 1930-1931, fue una de las primeras experiencias con sonido en nuestro país. ya que antes el cine era mudo. "Cuando empezamos filmábamos en la calle México y Piedras, en un garaje. No había acústica; por eso agarramos arpillera y la pusimos tapando todo, hasta la máquina que tenía sonido de motor. Y el pobre Gardel ¡Sabés como transpiraba, pobrecito!"…

Sin embargo, esas películas recién se pudieron ver en 1970 debido a problemas judiciales por los derechos de comercialización. Así, el rostro de Carlos Gardel junto con las intervenciones de Sofía Bozán y José Bohr, es de los más lejanos en la utilización del sonido óptico. En 1932 la industria cinematográfica nacional, con la consolidación de Argentina Sono Film y Lumiton, comenzó a consolidarse con el estreno de Tango (la primera de Argentina Sono Film, dirigida por Luis Moglia Barth, con Libertad Lamarque) y Los Tres Berretines (la primera de Lumiton, también sonora, del equipo comandado por Enrique Sussini con Luis Sandrini). El título de Los tres berretines era una síntesis de las pasiones populares de aquellos años: fútbol, tango y el cine. Los primeros ensayos sonoros se hicieron al ritmo del dos por cuatro. Libertad Lamarque, Tita Merello, Azucena Maizani, Alberto Gómez, Mercedes Simone, Osvaldo Fresedo, Juan de Dios Filiberto, Pedro Maffia, Ernesto Ponzi, sus orquestas y sus tangos. En 1934 Eduardo Morera produjo Idolos de la Radio, que contó con la presencia de Olinda Bozán, Ignacio Corsini y Tito Lusiardo.

Nuestro cine encuentra en el tango una fuente de inspiración temática que la imagen no supo reflejar con autenticidad y de la que el sonido hizo uso y abuso. El arrabal y esa música serán los futuros lugares comunes de una cinematografía que recorrerá con éxito América Latina.

Deambulando por los rincones de la metrópoli, es posible reencontrarse con parte de la historia de Buenos Aires. El progreso y las transformaciones modificaron costumbres y tradiciones. La radio nació y se desarrolló en los años ’20, mientras que en los años ‘30 surgió el cine sonoro. A través de las pantallas, primero en el cine y después a partir de los ’50 con la televisión, la imagen, la voz y el sonido se consolidaron e idolatraron a las estrellas. Por San Telmo, entre otros funcionaron el cine Cecil (en Defensa entre Estados Unidos e Independencia), hoy transformado en una galería comercial, y el Carlos Gardel (Bolívar 1032), hoy un autoservicio. El lugar que ocuparon en la vida cotidiana los cines, los clubes de barrio, el tango, los carnavales populares, los cafés tradicionales y otras costumbres, forman parte de la nostalgia de los porteños por un pasado que, lentamente, se pierde en el tiempo, como la luz del sol al caer la noche. Solo el trabajo de la memoria y la voluntad permiten su subsistencia en el recuerdo, mantienen su añoranza, como la de la tibieza de ese sol en la piel.

Eduardo Scirica

CINEVER TAMBIEN

Reportaje a Manuel Antin

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