Entrevista a Joel Novoa

"SOY UN BICHO NACIDO ENTRE
HISTORIETAS E IMAGENES"

Joel Novoa recrea personajes y objetos en situaciones absurdas, en esculturas con papel maché. En El Rufián Melancólico el multifacético artista bohemio, recuerda al viejo San Telmo, reflexiona sobre su oficio de más de 20 años de librero, su pasado como actor y la provocación que producen sus trabajos.

¿Cuándo comenzaste con las esculturas?

Era actor. En 1968 decidimos con mi pareja Marta Esviza, probar haciendo una gira por Latinoamérica. Tuvimos la mala y muy buena suerte, de que cuando estábamos buscando actuar en Perú, nos metieron presos acusándonos erróneamente de guerrilleros. Estuvimos tres días en unas cárceles horrendas y me amenazaron de muerte. En revistas y diarios titularon "confunden obra de teatro con plan terrorista". Cuando salimos empezó a venir el público y comenzó a funcionar el fenómeno teatral. Nos empezó a ir bien y empezamos a vivir del teatro rentado. Fuimos a Colombia, Ecuador, Centroamérica, México y Estados Unidos y emprendimos la vuelta por los mismos países. Ahí empecé a hacer las primeras máscaras en papel maché y cuando volví 10 años después, me enclaustré con el trabajo en las esculturas.

¿Cómo fue la vuelta a Argentina?

Volvimos en 1978, en la peor época. No lo podía creer. Antes de irme de Argentina, con Onganía me metían con frecuencia en cana por andar con el teatro y de joda a la noche. En cada comisaría necesitaban 40 detenidos por día para demostrar que estaban laburando. ¡Pero nada que ver lo que fue El Proceso! Me enclaustré durante años en mi casa haciendo las esculturas. Mi primer muestra fue después de haber pasado los 40 años. Un fotógrafo profesional, cuando vio el tranvía y otros trabajos, me dijo: ¡Qué bárbaro. Pero esto es laburo de preso! El preso cuando construye algo con lo que sea, de alguna forma se está liberando de su prisión y el mecanismo fue el mismo.

¿Qué hacías para sobrevivir económicamente?

Desde esa época siempre estuve alternando con los libros, donde encontré una forma de subsistencia vendiendo en el parque Rivadavia. Me gusta mucho, toda mi vida estuve vinculado a la lectura. Para mi es un placer, una especie de fiesta armar colecciones de arte argentino o de autores como Borges. La función social del librero es muy importante. La variedad, conseguir diarios antiguos, disponer y buscar un tipo de material, armar colecciones, historietas antiguas, conseguir diarios históricos. Por ejemplo el coleccionismo, es muy raro en los fines que persigue, linda a veces con lo patológico. Hay tipos como Carrizo que institucionalizan sus colecciones, dejando sus instrucciones. Pero hay un coleccionismo loco que es interesantísimo. Te despierta la curiosidad sobre los otros.

¿Cuándo pudiste empezar a exponer?

Toda la época previa a los `90 fue un proceso de trabajo. En la Galería Vermeer en 1989 empecé a exponer individualmente. Después en 1991 exhibí todas las esculturas en el Centro Cultural Recoleta. Había mucha participación del público. En un momento que no había guardia, un matrimonio de turistas aprovechó para sacarse fotos picarescas, haciendo poses sexis con las estatuas. Empezaron a hacer la de ellos con gran espontaneidad, como diciendo "aprovechemos ahora que no hay nadie". Lo disfrutaron como locos. Era realmente un juego plástico teatral con las esculturas maravilloso y ves que por lo menos las esculturas sirven para algo.

La muestra mía históricamente más importante es la arlteanea en el Centro Cultural San Martín. Cuando la hice en 1995 tenía miedo de releer Los Siete Locos, porque lo había leído a los 17 años y me había deslumbrado. Pero fue bárbaro, uno de los méritos que tiene Arlt es formar imágenes imborrables en el lector y meter un humor filosófico por atrás a cuestiones sociales.

Cuando hago esculturas de Borges o de Arlt, hago como que soy ellos y no los represento, sino que actúo en la influencia y el poder que me da sentirme así imbuido. Construyo tratando de no hacer lo anecdótico.

Uso temas recurrentes como los vampiros o la muerte, dándoles libre expresión. Trabajo sobre lo ridículo. Soy un bicho nacido entre historietas e imágenes gráficas. Ahí se empieza a armar toda la mezcla, incluso los textos. Hay pruebas de collages colocados como textos e imágenes, siempre tratando de que sea la casualidad o el acierte y el experimento, donde también hacés muchas boludeces. Es una experiencia que trasciende totalmente lo monetario, te estimula y provoca reacción. Es como cuando en el teatro hacés una buena función y hay recepción y comunicación. En lo personal a la escultura la tomo como una cuestión terapéutica.

¿Porqué hacés a Borges con Patoruzú?

Esa anacronía, ese imposible, me permite colocarme y tener esas iconografías. Trabajé mucho con personajes de historieta, como Superman, Batman, Robin. Tenía una actitud sagrada hacia personajes como Mandrake o El Fantasma. Jamás reverencié a Patoruzú, pero lo tenía presente como al Pato Donald y otros personajes de Disney. Eran elementos de la fauna personal mía. Lo que hago es mejor tomarlo con humor. A Borges también lo hice en bicicleta, jugando al golf o en calzoncillos largos tocando el violín. Es una invención pero la imagen lo permite. Uso y abuso de las posibilidades que me dan los personajes.

Provocás reacción en el público

Es interesante ver la gente desprevenida, que está de paso. Las esculturas no están hechas para agradar, no son decorativas.

"Imágenes de Borges", "La arlteana", "Borges y el juguete Rabioso", "El Galeón Azul", "El que mira" y "Esculturas sobre personajes de historieta", son nombres de exposiciones de Joel Novoa.

Los atractivos trabajos se sumergen en la ambientación de la librería de Bolívar e Independencia El Rufián Melancólico, entre toneladas de libros, afiches y algunos discos. Superman fumando kriptonita; la recreación de la cabeza de Geniol; el buscador de oro de Los Siete Locos; aviadores de historieta; galeones; un autorretrato de amor a los libros; Batman, Robin, Mickey Mouse en un tranvía, son algunos de los tantos personajes y objetos reflejados en sus esculturas.

Una resistencia desde la expresión artística a la masificación del arte, componiendo un mundo de personajes míticos. Rodeado por libros, este alquimista del papel construyó unas esculturas que permiten extravagantes transformaciones de entrañables personajes que atrapan la atención, provocan admiración y sorpresivas reacciones en el público. En el evento "San Telmo en Primavera cuida su casco histórico", organizado por La Feria Gráfica del Paseo Defensa, sus esculturas se expusieron en la calle. Por la repercusión de la iniciativa, probablemente vuelvan a exponerse sus obras en la vía pública. Joel Novoa es un personaje de los que permiten identificar el arte, la bohemia y la magia, con San Telmo.

 

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