06-02-07

Entrevista a Sergio Rower, vecino de San Telmo y productor de Libertablas

"EL ANDARIVEL DE LO EDUCATIVO Y LO SOCIAL NO TIENE PRENSA".

Al regreso de su gira por Cosquín, Sergio Rower, vecino de San Telmo de toda la vida, director y productor de Libertablas, cuenta sobre el funcionamiento de uno de los grupos de títeres más visto del país. Hacen más de 600 funciones por año, organizan el Festival Internacional de Títeres y Teatro "Al Sur del Sur" y todos los años son vistos por centenares de miles de espectadores.
"Partimos de la base de que nadie nos iría a ver. Que teníamos que ir a buscar un público que está en los comedores de los barrios, en los jardines y las escuelas. Tenemos más de 400 mil espectadores por año y jamás vas a ver a nosotros una nota en un medio diciendo ¡cuánta gente lleva Libertablas! Eso es porque andamos en el andarivel de lo educativo, en el andarivel de lo social y esa realidad no tiene prensa", cuenta el productor.

¿Cómo comenzó el grupo Libertablas?

Somos un grupo que trabajamos como cooperativa independiente y vamos a cumplir 30 años el año que viene. Producimos todos los espectáculos. Empezamos casi en nuestra adolescencia a trabajar. Algunos integrábamos el elenco estable de titiriteros de Ariel Bufano en el San Martín, pero nos interesaba bucear en la estética que tuviera que ver con la posibilidad de acercar los libros que estaban en nuestras bibliotecas, el que nos leían nuestras viejas, nuestras abuelas o nuestros docentes. Acercar esos grandes textos clásicos a los chicos y a los adultos. Ese juego adolescente de empezar a trabajar con eso, determinó un poco la estética que tiene y mantuvo el grupo: trabajar con teatro negro, con actores y títeres, grandes y chicos. Usar todas las técnicas posibles tratando de que aquellos grandes textos clásicos, como poemas y novelas que nos conmovieron a nosotros, los podamos transformar en obras de teatro y títeres.

¿Los 22 que están en el grupo viven de Libertablas?

Sí. Cuando empezamos nuestros viejos tenían la expectativa de que fuéramos médicos, abogados o por lo menos bancarios. Como el país se cayó vivimos igual que como vive un profesional. A veces estamos con la soga al cuello y a veces estamos mejor, pero vivimos de este trabajo. Hubo un momento de quiebre que decidimos quemar las naves juntos, nadie trabaja en una oficina. La producción se tiene que hacer responsable de garantizar determinado ingreso mínimo anual. Recién ahora le estamos encontrando la vuelta al verano, pero nuestra actividad fuerte es cuando están abiertas las escuelas, de abril a noviembre. No hay economía que se banque trabajar de esto solo ocho meses. Ahora le estamos encontrado una vuelta: al día de hoy, a los funcionarios les garantizamos que si nos dan 100 mil pesos les damos funciones a 100 mil pibes. La relación es un peso por espectador. De acuerdo a la capacidad del lugar, por día vendemos por ejemplo 1200 o 1400 localidades. Somos una cooperativa (ninguno de nosotros gana 3 mil pesos) con producción.

¿Todo el trabajo lo hacen en títeres?

Actores y títeres. Nuestra estética siempre interrelaciona el trabajo de los actores a la vista, con títeres de todas las técnicas. Un poco lo que hicimos es arrancar casi desde un divertimento. Eramos muy jóvenes y decidimos trabajar hace 30 años con Shakespeare, hacíamos "Romeo y Julieta" y "Mc Beth" y "Sueños de Una Noche de Verano", cuando en aquel momento lo que se conocía del títere era la empatía con el titiritero solista, el títere de papel maché, a la usanza y semejanza de Javier Villafañe. Nosotros siempre fuimos muchos. Somos 22, en aquel momento éramos 5 o 6 menos. Ahora parecemos una familia de gitanos, porque cada uno tiene por lo menos una familia y hay quien tiene dos o tres, o sea somos entonces como el doble los que trabajamos en esto.

¿Cómo y cuándo decidieron trabajar con total profesionalismo en el títere?

Pasados los primeros años del divertimento, debido a que queríamos vivir de esta profesión, nos tuvimos que ponernos a ver cómo desarrollar también la estética de la producción. Nos preguntamos: si queremos vivir de esto ¿Cómo hacemos para vivir siendo tantos y sin depender de que alguien levante el teléfono y te llame para hacer una fiesta o los festejos del Día del Niño, de Reyes o la asunción de las vacaciones de invierno, que son las frutillas de nuestro trabajo?
Entonces siempre tratamos de partir de conceptos muy simples que creo que son los que nos guían por el sendero que estamos recorriendo, que es partir de la base de que nadie nos iba a venir a ver. Lo que dijimos es: "Si a mi vos me contás lo que hago, yo no lo iría a ver". Te puedo decir "sí es muy lindo, los títeres son grandes", pero la verdad es que no me movilizaría tanto para ir. ¡Hay tantas cosas que uno no hace! Vos a veces decís "mirá el Museo de Bellas Artes, es muy lindo", pero uno no va. Decidimos que nosotros tenemos que ir donde está la gente. Entonces empezamos a trabajar yendo a los hospitales, a las cárceles, a comedores, a centros de jubilados y después empezamos a ir a las escuelas, a los jardines. Eso nos permitió acceder a la dinámica de la producción, en la cual ya cuando concebíamos un espectáculo pensábamos que tenía que poder pasar por la puerta de la escuela, que la escenografía no podía pesar 4.500 kilos ni tener que pegarse al suelo con clavos, porque hoy estábamos en una escuela y mañana en un hospital o un comedor. Es decir que cuando instaláramos un espectáculo, debía poder ser visto en la sala más grande del teatro Cervantes y a su vez en un galpón en Tigre, donde usando bolsas de consorcio para hacer teatro negro lo puedan ver 2.500 pibes.

¿Actúan en cualquier escenario?

Sí, absolutamente. En las aulas hacemos el ciclo para jóvenes "Teatro al aula" (hacemos "La vida es sueño"; "Mateo" de Discépolo, hacemos "Martín Fierro" en las aulas de los colegios secundarios), tenemos en el 2007, 11 espectáculos diferentes. En los secundarios es más difícil porque el rector no maneja los departamentos de matemáticas o lengua. No todos los docentes aceptan que los alumnos no vayan a clases para ir a ver teatro.
Después vemos de hacer un trabajo hipermetódico, viendo cómo darle a los chicos distintos espectáculos, que no se repitan.

¿Cómo es la experiencia en los teatros oficiales?

No nos quedamos aferrados a los maravillosos camarines de los teatros oficiales. El mundo cultural argentino cambió tanto que hoy nadie piensa en producir un espectáculo para chicos. Los teatros oficiales básicamente lo que hacen es en función de los huecos que le van quedando, porque por sus carencias presupuestarias, toman la alternativa de grupos que tienen producciones propias y los programan. Muchas veces ni siquiera le pagan. Vamos asociados al Estado con un porcentaje de las entradas y muchas veces eso te implica pagar las horas extras del personal y otras cosas. La gente piensa que cuando estás en el Cervantes, en general te quedan cien mil pesos por año de contrato. ¡Nada que ver! Por supuesto que entramos en todas las variables comerciales en función de que hay que hacer un acuerdo con ellos. La necesidad de crecimiento del grupo también tiene que ver con que nosotros hacemos entre 600 y 800 funciones por año, tenemos más de 400 mil espectadores por año, y jamás vas a ver a nosotros una nota en un medio diciendo ¡cuánta gente lleva Libertablas! Eso es porque andamos en el andarivel de lo educativo, en el andarivel de lo social y esa realidad no tiene prensa.
Entonces nosotros también como grupo profesional necesitamos no perder contacto con la calle Corrientes o con el teatro Cervantes, porque sino para los críticos desaparecés, no estás más. Nos autogestionamos, básicamente no tenemos productores independientes, ni representantes, ni vendedores, ni sponsor. Nos preguntamos cómo mantener el equilibrio de seguir haciendo nuestro trabajo, que es el que le da de comer a toda la familia los 365 días del año y a la vez no traicionar nuestros principios ideológicos de para quién estamos trabajando.

Hay mucha diferencia entre estar en un teatro con todas las comodidades que en un galpón o comedor comunitario
Esto determina un poco el andarivel de mezcla que Libertablas hace. No somos nosotros los que ponemos la línea divisoria, el espectáculo es el mismo. Fijate que el que ganó el premio ACE al mejor espectáculo en el teatro Cervantes, es el mismo que hacemos en un galpón en medio de la provincia de Buenos Aires. El espectáculo sale igual. Va con las mismas luces, el mismo teatro negro, los tablones apoyados sobre cajones de soda, en lugar de tener un talón de pana solo que en vez de ser ese escenario maravilloso del Teatro Cervantes a lo mejor tenés las telas negras que pudiste conseguir y en vez de cerrar con un espacio magnífico para hacer teatro negro, tenés a los bomberos o a la gente del cable, que te prestan escaleras altas para subirte al techo de un gimnasio. Así usando bolsas de consorcio tragaluz evitamos que entre luz y podemos hacer teatro negro. Cuando te querés acordar la misma gente del gimnasio se pregunta cómo se pudo transformar el espacio y armarse allí un teatro. Para ver teatro no hace falta un escenario de lujo. Hace falta un espectador con ganas de ver algo, un titiritero o un actor con ganas de mostrar algo y algo que contar. Si hay luces de color mejor, sino no importa.

¿Cuál es para vos la esencia fundamental del teatro?

Me gusta que personas comunes que a lo mejor piensan que El Quijote es un embole, vean la obra, la pasen bien y la recomienden. El teatro debe llegar a la gente, el teatro es el arte del aquí y el ahora, es un el arte transformador. Eso es lo que el teatro debe dejar por lo menos para nosotros como semilla.


Teniendo en cuenta el encarecimiento de los espectáculos por el costo de los micros ¿Qué hicieron entonces para poder acercar las funciones a los chicos?

Terminan pasando algunas cosas muy delirantes, porque por más que cobremos muy barato una entrada -3 o 4 pesos-, si vos tenés que enviar a tu hijo a una experiencia educativa, a la entrada hay que agregarle un costo importante del micro. La docente sabe que tiene 30 pibes y que hay 6 o 7 que no le van a pagar, entonces le pide a los otros que pongan un pesito más. Si se suma el costo del micro, la entrada se va a 12 pesos, lo que me parece una locura. Pero no sólo trabajamos en el Cervantes, sino que empezamos a buscar en la ciudad sedes barriales así los pibes podían ir caminando. Entonces trabajamos en el Auditorio de Belgrano, en Catalinas, en el Margarita Xirgu, en varias salas de Flores, en Mataderos, en Lugano, bajando la variable costo de transporte, que por lo menos es el doble de lo que nosotros cobramos como entrada. Esta misma historia la hicimos con la misma mecánica en 47 sedes en toda Argentina.
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Me imagino que cuando van de gira buscan apoyo de las área de cultura

Vamos a la Secretaría de Cultura preparados para remar. Te dicen que no tienen presupuesto, pedís entonces el teatro y te lo dan con descuento. En las giras al interior tenés dos variables. Una es llevar un gran espectáculo y de repente cobrar entre 15 y 25 pesos la entrada, para que vayan los 100 o 200 pibes de Madryn de familias adineradas que pueden pagar esa cifra, y recaudar 4 o 5 mil pesos. Nosotros estamos para otra: recaudar 5 mil pesos vendiendo a lo mejor 2 mil entradas a 2,50 pesos. Entonces nos quedamos a lo mejor de lunes a viernes haciendo una función para todos los chicos de Madryn, intentamos que los funcionarios que nos dicen que no tienen plata para contratarnos, a cambio de los pibes que no pueden pagar entrada nos den alojamiento y comida. El primer día te dicen que no. Después te ofrecen auspicio cuando ven que acercás a miles de familias en un teatro. No te pagan pero te dan alojamiento y comida. Esta historia no te tiene que enloquecer pensando en volver enseguida. La experiencia te va reubicando y te das cuenta que no vas a poder volver hasta que pase por lo menos un año. Lo que hacemos es actuar en muchas ciudades. Eso nos permite darle material a los docentes, a los pibes.

¿Cuál es el eje que buscan con los textos de sus obras y sus funciones?

Los textos elegidos intentan trabajar siempre el eje de lo solidario, el eje de la utopía, la esperanza, la metáfora. Es un material que en sí mismo muchos docentes nos dicen que lo leen después de ver el espectáculo y después lo trabajan con los chicos. Es fantástico con los años que tenemos de actividad, ir a Comodoro Rivadavia y que venga una piba de una escuela rural y nos diga que nos vio hace 20 años, que es maestra rural y que la decisión de hacer lo que hace la tomó después de vernos. Los espectáculos no los hacemos en el sentido pedagógico clásico, los hacemos divertidos. A los pibes les puedo regalar una metáfora de Shakespeare, les regalamos un paréntesis frente al dolor, frente a tanta injusticia, frente a tanta imposibilidad de crecimiento y de logro.

 

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