SENDRA
EL
HUMOR REFLEXIVO
En
San Telmo y sus alrededores Nº 7
Noviembre
1997
Sendra es un vecino ilustre
de la zona sur. Vive a dos cuadras del Parque Lezama y visita casi
todos los domingos a la feria de Plaza Dorrego. Hace casi 25 años
que comenzó su carrera en los medios gráficos como humorista, (en
el ´73 en Siete Días), después de divertir a todos con su humor de
actualidad en Página12, pasó a Publicar a Clarín Matías, la tira diaria
que divierte a grandes y chicos.
¿Desde cuándo
vivís acá?
- Desde el ´91, antes vivía
en Monserrat.
¿Qué opinás
del sur?
Tengo buenos amigos. Me parece
que hay un desprestigio de la zona que hace que el Sur esté vapuleado.
Eso le da también un clima que se mantiene acá y no en otros lugares.
Podés tener todavía actitudes vecinales del viejo barrio de Buenos
Aires que en otros lugares la perdieron y aunque tengan denominación
de barrio, han pasado a ser consorcios anónimos. Acá la relación de
vecinos todavía tiene una jerarquía. Creo que el Sur conserva cierto
misterio, cierta fuerza que me parece rescatable, hay zonas que son
muy marketineras y creo que el Sur no está todavía con esa historia.
¿Sentís
cierto reconocimiento cuando salís?
- Los dibujantes tenemos una
protección que es el personaje. Entre nosotros nos conocemos todos
porque es nuestro oficio, pero tengo la sensación de que voy por la
calle y no me conoce nadie. Es probable que la gente sea muy gentil
y me permita estar tranquilo, pero también hay una actitud de uno
que hace que uno se proponga como reconocible o no. Acá la gente del
barrio es buena vecina y a uno lo tratan bien sea o no sea famoso.
Aspiro a que me traten bien no por mis aptitudes como dibujante, sino
por ser buen vecino.
¿Qué lugares
te atraen de esta zona?
- Me gusta la Feria de San
Telmo donde estoy todos los domingos. Me encanta charlar con los puesteros,
o ver a las antigüedades. El Parque Lezama me parece uno de los más
lindos de la ciudad, está muy mal cuidado pero junto con Plaza San
Martín y Plaza Francia son los lugares más bellos de la Ciudad. Son
los barrancas donde llegaba el río.
¿Cuándo
empezó tu vocación como humorista?
- En realidad no es una vocación
en el sentido de que halla empezado en algún momento sino que es una
forma de ser. Unir una forma de pensamiento con la actividad gráfica
me posibilitó salir del círculo de amigos y pasar de ser un humorista
de sobremesa a ser un humorista gráfico.
¿Con qué
personajes de los que hacés te sentís más cómodo?
- Con el personaje que voy
haciendo en cada momento, que puede ir variando. Lógicamente hay veces
que no lo encontrás y vas haciendo lo que podés que es una búsqueda.
Tengo muchas cosas que aprender, otras que abandonar. Uno se va formando
y deformando.
¿Porqué
nunca sale en la tira la mamá de Matías?
-La mamá de Matías no sale
por varios motivos. Uno es porque se la mostró así desde un principio
y sería decepcionante para todos que salga ahora. Pero el motivo principal
es que yo quise centrar la óptica de la relación en el punto de vista
más del chico que de la madre. Me pareció que poner a la madre fuera
de foco enfatizaba la percepción de que las cosas se hablaban desde
el lado del niño.
¿En dónde
te sentís más cómodo: publicando en Página 12 o en Clarín?
Son totalmente diferentes,
el trabajo es distinto. En Página 12 estaba muy claro que las referencias
eran las noticias de actualidad. De repente a las ocho de la noche
había que ponerse a ilustrar una noticia que pasaba en ese momento,
tenía a lo mejor una hora para dibujar y sacar todo. No me permitía
tener ningún tipo de apunte al tener que estar en tono con la noticia
clave del día siguiente. En cambio con Matías, hay una historia personal
de parámetros conocidos que te ponen en un lugar diferente a la hora
del apuro.
¿Cuáles
son las pautas para hacer una tira?
- Cada dibujante tiene su forma
de ser. No hay una regla fija pero lo esencial es no desvirtuar las
características del personaje. Uno se tiene que poner un poco en el
papel del personaje para poder llevarlo adelante. Hay algo un poco
actoral, asumir pensar como la persona representada. Hago eso para
que la tira tenga cierto tipo de encarnadura. Sino, podés ser un observador
que está mirando como pasan las cosas de una ventana y la tira tiene
otro tipo de interés.
¿Y cuándo
no es tira?
-Es diferente porque ahí el
compromiso con el personaje es mucho menor. Uno cuando hace un personaje
con una tira lo defiende, quiere crear valores con los que uno se
identifique. En cambio cuando hace cuadritos, cada día puede ser una
cosa distinta.
Vos tenés
un compromiso con los personajes que hacés. ¿No te pasó alguna vez
de cansarte de Matías o Prudencio? ¿Qué haya una característica del
personaje que no puedas modificar porque no respetaría su estilo?
- Eso bien puede ocurrir aunque
no tengo un compromiso con el diario de hacer esto como única premisa.
Estoy haciendo una tira. Si tengo la suficiente habilidad y mantengo
un nivel de calidad puedo patear al personaje y listo. Claro, lógicamente
no puedo pasar de hacer esto a hacer mañana un caníbal africano. Pero
de hecho yo tenía un guapo y lo convertí en un nene. Cuando tengo
ganas de poner a la tortuga o al psicoanalista los pongo. Al igual
que si quiero poner en lugar del nene a la cucaracha. Podés mantener
dentro de esa historia general que puede ser tan amplia como quieras,
una pluralidad de personajes y que cada uno te permita descansar de
los otros.
En tu carrera.
¿Nunca te pasó que te digan «Esta tira no», «esto no va»?
- Depende de las distintas
etapas: por un lado del país y por el otro personales. En el país
porque en un momento había censura que sufrimos todos. Unos las sufrimos
como autores y otros como espectadores.
Lo otro es diferente. Porque
cuando a uno lo toman en una editorial, en las primeras etapas de
su carrera en general está dispuesto a aprender. Casi está pidiendo
que le enseñen y el editor en general también quiere a alguien que
refleje lo que el piensa. Es muy factible que vengas con algo y te
explique lo que tenés que hacer. Muchas veces te impone sus condiciones
y en otras lográs eludirlas o las aceptás en algún grado. A veces
de mala gana y esas son las peores. Pero si te hacen indicaciones
que te parecen correctas y aprendés con eso y las aceptás de buen
grado ¡Bien! porque aprendiste.
Después hay otra etapa de tu
carrera en la que te llaman de un diario o de algún lugar por lo que
ya estás haciendo. Nadie te va a llamar para que lo hagas de otra
manera. A esta altura es más probable que yo modifique el criterio
de algunos editores que ellos modifiquen el mío, porque tengo la posibilidad
de entregar la tira con modificaciones todos los días y un día estoy
publicando algo que era impensable hace dos meses. Trabajo tranquilo
conociendo las pautas del diario y sé cosas que sin estar prohibidas
no son convenientes. No me refiero a lo ideológico sino a cosas tan
simples como saber que el público de Clarín, no tiene información
económica profunda como para que le hable con tecnicismos que podría
hablar en Ambito Financiero. Cada medio tiene un público especial
que también lo tiene cada sector de los medios. Puedo hacer dentro
del Clarín informático un chiste que no va en la sección clasificados.
Eso es una forma de conocimiento mutuo que te ayuda también a funcionar.
¿Cuándo
sentiste el cambio de que te empezaran a llamar para hacer una tira
sin condicionamientos?
- Que me hagan sugerencias
no me pasó. En cambio tuve problemas, con prohibiciones de temas que
no se podían hablar, como por ejemplo del gobierno. Sentí un cambio
dentro de mí, más que en la actitud de los otros, en la etapa La Razón
de Timmerman en el matutino del 84.
¿Dónde estabas
en la etapa de la dictadura militar?
Publiqué en Clarín en el 79,
´80 y después estuve sin trabajo hasta el 83. Cuando se hablaba
de actualidad siempre había conflictos.
¿Qué aspiraciones
tenés actualmente como humorista?
- Lo que quisiera ahora es
hacer la tira de mañana. A mí el laburo que hago me gusta. A esta
altura por el volumen de trabajo que tengo, si hiciera algo nuevo
tendría que dejar de hacer parte de lo que estoy haciendo. Resulta
atractivo porque uno a veces tiene fantasías. Me encantaría por ejemplo
hacer teatro. Escribir una obrita y poder representarla, pero estoy
en la silla todo el día trabajando y no me daría el tiempo para otro
laburo más.
Todos esperamos que los personajes
cotidianos que nos entretienen, sigan apareciendo para que podamos
imaginar otras posibilidades y otras miradas, apartadas de la rutina
diaria. Sendra, uno de las grandes humoristas es un vecino más del
Sur, como lo son también otros grandes dibujantes como Quino, Caloi
y Hermenegildo Sábat. El humor que nos permite tomar de una manera
más alegre la realidad cotidiana, sigue inventando salidas originales.