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MANUEL
ANTIN
HACIA
UN CINE DE IDEAS
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 14
Julio
1998
En San Telmo funciona la
Universidad del Cine, dirigida por Manuel Antín. El cineasta, ex director
del Instituto Nacional de Cinematografía entre el 83 y el 89
hizo, entre otras reflexiones, un balance de su paso por el Instituto,
la actualidad del cine argentino y el peligro de que éste pase a depender
de los intereses de la televisión.
-
Como director del Instituto de Cinematografía ¿Qué no pudo hacer y
le hubiera gustado?
- La universidad del Cine.
Me hubiera gustado hacerla desde el ámbito oficial, con total libertad
de ingreso. Siempre es una carga pesada pensar que para financiarla,
hay que cobrarles por lo menos al 80 % de los alumnos $ 500 pesos
mensuales. (el 20 % restante tiene becas). Eso me quedó pendiente,
también bregué, sin éxito, para que se instale la enseñanza del cine
en las escuelas primarias. En lo demás no me puedo quejar de las películas
que tuvo el Instituto en esa época. Fue excepcional, obtuvimos doscientos
premios internacionales, entre ellos un Oscar. Históricamente esto
será muy difícil de repetir. Esto llevó al público a ver películas
argentinas, no solamente eso, condujo a muchos estudiantes a pensar
al cine como ámbito de estudios. En 1983 no había más de cien estudiantes
de cine, en 1998 debe haber 7.000. Nada es consecuencia solamente
de una cosa pero, evidentemente, el retorno a la libertad de expresión
y el prestigio del cine argentino han contribuido.
-
¿Qué opinión le merecen las gestiones posteriores a la suya?
- El único que me inspira una
opinión es el actual que está a cargo de Julio Márbiz. Me parece que
es el que más ha hecho por el cine argentino de los que vinieron después
de mi gestión, aunque no estoy, como tampoco lo estuve durante mi
gestión, totalmente de acuerdo. En fin, no todo lo que uno puede hacer
es lo que uno quiere, ni todo lo que uno quiere hacer es lo que uno
puede.
-
El Instituto Nacional de Cinematografía tiene actualmente un presupuesto
de 60 millones de dólares anuales. ¿Cómo piensa que se podría hacer
para tener un criterio de selección adecuado?
- Pocos cineastas dirían lo
que yo digo, porque van a estar más contentos si el espacio en el
cual están contenidos tiene mucho dinero. No creo en el artista multimillonario.
En general el hambre y la relación artística tienen mucho que ver.
Cierta humildad, cierta modestia de medios, tiene bastante que ver
con la creación. Lo dice la historia del arte.
Los sectores que aspiran al
desarrollo económico, no tienen nada que ver con los que aspiran a
la expansión de las ideas y el arte. Me parece que no pueden convivir
sectores que tienen objetivos distintos. Al instituto hay que manejarlo
con un criterio aristocráticamente selectivo de la creación artística
y no alentar económicamente aquellas películas que no necesitan aliento
económico por el multiplicado éxito que tienen. En esto debiéramos
ser muy rigurosos, como en la selección de proyectos. Yo no quiero
cargar con algunas culpas. Por ejemplo, la Universidad del Cine de
California, vetó el ingreso como alumno de Spielberg.
Tengo miedo de que desde cierto
punto de vista, no se apruebe la realización de El Ciudadano.
No quiero manejar la capacidad creadora de nadie. Nadie debiera hacerlo,
por lo tanto hay que dar mucha libertad. Cuando estaba en el Instituto,
me acuerdo que cuando di los primeros 15 créditos, un director se
ofendió con los guiones porque había elegido a diez directores que
debutaban, jóvenes que no tenían ningún antecedente. En una reunión
me dijo "vos le das crédito a cualquiera". Un año después,
uno de esos cualquiera que no tenía antecedentes ganó el Oscar con
una de esas películas a la que le había dado crédito, (se refiere
a La historia Oficial). Eso es dirigir un organismo destinado
a fomentar la actividad artística. Dirigirlo es como tirar una botella
al mar, como un mensaje.
-
¿Usted era el único responsable del crédito a todas las películas?
- Sí. Todos los créditos pasaban
por mis manos. Ahora hay una comisión que elige. Se supone que una
comisión es mejor que uno. Sin embargo, si pongo en la lista las películas
que elegí y las películas que esas comisiones han elegido no hay punto
de comparación. No creo en las comisiones, creo en la capacidad individual
de reflexionar, de ser honesto, transparente, correcto y tener además
la independencia y el coraje de decidir sin saber lo que puede pasar.
-
¿Ve bien al cine argentino actualmente?
- Lo veo bien, en peligro.
El cine argentino tiene hoy demasiado dinero en sus arcas. La nueva
ley cinematográfica ha tenido la virtud de dotar al instituto de mucho
más dinero. Esto lo hace un ámbito apetecible por sectores que no
son estrictamente cinematográficos. Me refiero por ejemplo a la televisión.
Tengo un poco de miedo de que el cine se vuelva mediático. Hay algunas
demostraciones en cartelera. Tendríamos que mencionar algunas películas
como Comodines, u otras que se han hecho con el auspicio de
la TV. que es un ámbito respetable pero distinto.
Si el cine ha sobrevivido a
la televisión, es porque ha tenido suficiente contenido intelectual
y artístico como para sobrevivir a la inmediatez que significa la
relación televidente- espectáculo televisivo, un espectáculo por lo
general no demasiado profundo, con mucha acción, muy esquemático,
simple de entender y sin demasiadas propuestas. Creo que el cine es,
como el libro, una propuesta ideológica y no me refiero a ideologías
políticas. Es una propuesta cultural, una propuesta de ideas. Por
eso cuando uno dice cuales son los grandes directores de la industria
del cine, uno encuentra solamente a los que han pasado por el cine
dejando ideas: Chaplin, Wells, Fellini, Bergman, Truffaut, Wenders,
Scorsese etc. Si citamos a John Cameron, es material que sirve para
otro tipo de público y para otro tipo de propuestas.
-
¿Le parece incompatible conciliar desde cualquier óptica los intereses
del cine con los de la televisión, manteniendo el nivel?
- Es difícil, la televisión
es el socio rico y el cine el socio pobre. Creo que deben sobrevivir
por separado y para eso tienen bastantes motivos. Sería inteligente
que ocurriera eso. La televisión es un gran negocio, además de ser
un gran espectáculo. Se podrían encontrar excepciones estimables dentro
de la televisión pero, en general, si uno habla de una manera muy
genérica, hay que reconocer que es más superficial y frívola. La fusión
se ve en los resultados, si uno ve Comodines, uno ve un programa
de televisión, se puede interrumpir para ir al baño. El video también
es otro formato, es otra relación espiritual, es otro ritual.
-
¿Cómo vio la evolución del cine argentino en los últimos tiempos?
- En los últimos años creo
que el cine argentino ha tenido etapa útiles y constructivas. Entre
1900 y 1960 tuvimos la etapa del cine primitivo, un cine de entretenimiento,
de lenta transformación, industria de públicos y mercados en toda
Latinoamérica. Después vino la generación del 60 que transformó
totalmente al cine. Dejó de ser de entretenimiento, esporádicamente
intelectual, para convertirse en un cine de ideas. Así sobrevivió
hasta hoy con todas las idas -cuando había libertad- y vueltas -cuando
no la había.
Durante gobiernos democráticos,
el cine argentino floreció. Desde los últimos tiempos no ha dejado
de progresar. Creo que el único problema que ha surgido es el tema
del acercamiento de los hitos comerciales al cine a través de la incorporación
de la televisión, que sería bienvenida si tuviera un perfil. Por ejemplo
en Europa es otro espíritu. En nuestro país, lamentablemente, salvo
casos excepcionales, como La vida según Muriel, que produjo
VCC y debiera ser modelo para las teledifusoras, se financian películas
mediáticas. Lo ideal del acercamiento de la televisión es que no tenga
fines de lucro. Estos no son delictivos, pero cuando son exagerados
son delictivos en cualquier actividad.
-
¿Le parece que, pese a que hay un cine pasatista, hay debajo de ese
cine directores que piensan más en las ideas como en los 60?
- Sí fundamentalmente entre
los jóvenes. Pero no solamente ellos, hay directores como Mignona,
Agresti, Aristarain o Subiela que admiro mucho.
La apertura a distintos enfoques,
abre caminos que permiten enriquecer y ampliar perspectivas. Sin dudas,
algunas respuestas de Antín son polémicas. Pero en un momento en que
casi todo queda librado a las leyes del mercado, parece interesante
debatir y pensar desde otros lugares. El entusiasmo, el cuestionamiento,
la reflexión crítica, la inspiración, y la conmoción que se puede
producir en una sala cinematográfica siempre y cuando haya un buen
film, invitan a cuestionar con otras miradas, cuestiones y temáticas
cotidianas.
ANTIN
Y LA UNIVERSIDAD DEL CINE
-
¿Cómo surgió la idea de hacer la Universidad del cine?
- Cuando concluí mi gestión
como director del Instituto de Cinematografía, en el 89 junto
con la terminación del gobierno de Alfonsín, no tenía por delante
demasiado paisaje. Había dejado de ser director de cine y me quedaron
muchas cosas por hacer como director del Instituto. ¡Entonces qué
mejor que darle una fisonomía institucional! Antes había tratado de
ubicar al cine nacional en la consideración del público, que durante
muchos años sostenía que iba al cine pero no a ver películas argentinas.
Desde los años del retorno de la democracia, la gente volvió a ver
cine nacional. Tanto es así que en cada uno de esos años una película
argentina estuvo al frente de las recaudaciones, sean Camila,
El exilio de Gardel, La Historia Oficial, No habrá
más penas ni olvido
Esta recuperación del prestigio
había ocurrido en virtud de la aparición de nuevos y jóvenes directores
y apoyo a las óperas primas. La escuela de cine me daba la posibilidad
de volver a trabajar por el prestigio del cine argentino. Al mismo
tiempo que, con la aparición de nuevos realizadores y directores,
era un punto de encuentro, un ámbito de enseñanza y aprendizaje y
un centro de producción. Ese fue el diseño con el que hice a la Universidad
del Cine en el 90. No tenía medios económicos, pero encontré
en San Telmo un generoso colaborador en la realización de mi proyecto.
El doctor Jorge Grinbaum era el dueño de estas salas que desde 1982
hasta 1991 eran las del Teatro de la Gran Aldea, allí comenzamos a
funcionar. Luego empezó a crecer, hubo muchos alumnos.
Nos quedamos con una sede en
el Pasaje Giuffra y nos fuimos con la otra a Piedras, pero el año
pasado decidimos concentrar todo y compramos este espacio (en Pasaje
Giuffra). Tenemos en marcha una escuela de cine ejemplar en el país
y en el extranjero, con un centro de producción y los medios técnicos
como para hacer una película íntegramente. Desde el año 96 a
hoy se produjeron dos largometrajes. Uno ya estrenado, el otro con
fecha de estreno para fines de este año. Es como el sueño del pibe,
tanto para el que dirige la Universidad como para el que estudia en
ella. Contribuimos a la aparición de una nueva generación de directores
que se ha exteriorizado en los últimos tiempos con estrenos de películas
completamente fuera del ritmo convencional del cine argentino como
Pizza, Birra, Faso (la gente que la hizo es egresada de acá)
y otras más como Picado Fino.
-
La película estrenada es Moebius ¿Cuál es la próxima a estrenar?
- Mala época. Se
estrenará en agosto o setiembre.
-
¿Ve todos los videos que hacen los chicos en su escuela?
- Sí.
SOBRE
SAN TELMO
-
¿Qué lugares de San Telmo han filmado?
- Todos. Los chicos
tienen la suerte de que están en San Telmo, porque es una de las zonas
más curiosas, más pintorescas, más legítimas, más lindas que nos quedan
en Buenos Aires. Más linda y más fea porque hay demasiadas excepciones
en San Telmo en las reglamentaciones municipales. Si uno mira alrededor,
se da cuenta que se le ha hecho mucho daño, pero con todo es, desde
mi mirada, la Argentina distante, la que yo utilizaba en el instituto,
la mirada que vuelve desde Europa, desde América del Norte etc. Es
un lugar fantástico. A veces me dicen, "cuando vaya a Buenos
Aires, quiero que me muestres San Telmo". En la página WEB de
la Universidad dice "En el barrio de San Telmo, uno de los más
bellos de Buenos Aires, en 1991 nació la Universidad del Cine".
-
¿Filmó algunas de sus películas en San Telmo?
- De San Telmo hice un documental
que se llama Ayer, hoy y mañana, en 1966 o 1967.